Trozos de valla que no están donde deberían, basura tirada aquí y allá... La zona recreativa necesita una puesta a punto
08 oct 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Dicen los vecinos que el agua de la fuente de Trabanca es «moi fina». Tanto, que hasta ese punto de Vilagarcía llega gente de fuera, cargada con botellas y garrafas, para rellenarlas. «Ás veces hai que facer cola», afirman los residentes en la zona. No les importa esa invasión; a fin de cuentas, «a auga é de todos». Lo que les molesta un poco más es recibir a tanto visitante en un entorno que no ofrece la mejor imagen. Porque la zona recreativa en la que está ubicada la fuente necesita de una operación urgente. Y no solo por una cuestión estética, si no también de seguridad.
Empecemos el repaso al pie de la fuente. Justo al lado, el viejo lavadero de la aldea clama por un poco de atención. Su techumbre está destartalada, y parte del talud que piedra que separa la zona verde de los parques infantiles no parece demasiado estable. Hace unos días, antes de las fiestas de San Miguel, se limpió el entorno. Pero de poco valió aquel esfuerzo: en el agua del lavadero flotan varias botellas de plástico, algunas a medio rellenar de sospechosos líquidos.
Pero los restos de todo tipo de objetos de plástico aparecen por doquier, como si alguien se hubiese dedicado con paciencia a sembrarlos por la superficie de la zona. Son los restos de los excesos de las fiestas, dicen los vecinos. La estampa no es muy edificante. «Á xente parece que lle costa traballo usar as papeleiras», dice una mujer que vive por la zona. Y es que papeleras hay. E incluso también hay una bolsa de plástico, colgada de cualquier manera, en los listones de colores que rodean el parque infantil. Hasta él no ha llegado, de momento, el caucho: los niños de Trabanca siguen jugando en medio de la grava.
Esa zona de columpios y juegos infantiles se complementa con una cancha para que los rapaces de más edad, e incluso los adultos con ganas de pachanga, puedan practicar deportes. Vista desde lejos, la zona parece estar en buen estado. Pero si acercamos el foco, comprobamos que hay muchas cosas que no están como deberían. Y en este caso no es una cuestión de estética: hablamos de seguridad.
Un perímetro poco seguro
La mayor parte de los problemas se concentran en la valla que rodea el perímetro de este espacio. En uno de los tramos, el enrejado está roto y oxidado. Una punta herrumbrosa, de hecho, amenaza con hacer diana contra la cabeza de quien pase a su lado sin prestar la debida atención. En el otro extremo de la zona deportiva, la valla ha desaparecido por completo: en un lateral ha desaparecido la rejilla que unía las columnas metálicas, y en otro de los lados ha desaparecido la estructura al completo: ha sido suplida por vallas móviles y mucho más bajas. Al otro lado de las mismas hay un terraplén de considerable altura. «Cando quitaron as que había antes, dixeron que ían poñelas novas. Pero no puxeron nada», narran los vecinos. «Calquera día cae un rapaz por aí, e despois a ver que pasa», se lamentan. Ojalá el tiempo no les dé la razón.