Habría que preguntarle al Porri, pero es bastante probable que además de por el Kway y el Berberecho, Julián Hernández se pasara alguna vez por el Corsario. O por La Seta o por el otro Kway, el de Vilagarcía. Si él no lo hizo, muchos de los que hace dos décadas poblaban las barras de aquellos míticos locales vilagarcianos sí que estuvieron en la noche del miércoles disfrutando con la descarga de Siniestro Total en A Xunqueira. Una hora y media de rock&roll que, como cantan los de Vigo, sirvió para demostrar que los feos somos más, porque el parque estaba a reventar. Había feos de todas las edades. Lo cantaron luego: «Tenemos un mensaje para la gente guapa y es que los feos somos muchos más; así que cuidado, mucho cuidado procuren no hacernos enfadar». Es probable incluso que hubiera hasta hippies -algún hispter sí que apareció y a alguien se le ocurrió que quizás era el momento de cambiar la letra- porque a fin de cuentas estarían allí más seguros que en las Cíes. Quizás hubo hasta extraterrestres. Por si acaso, para comenzar sonaron los acordes de Encuentros en la tercera fase. Fue la llamada de atención. Todo estaba a punto de empezar.

El termómetro

El termómetro de los conciertos está colocado en la barra. Si funciona uno lo hace también lo otro. La de A Xunqueira desbordaba. Un pelín intimista era, porque quizás su tamaño estaba pensado para algo más indie. Cerca de ella -de la barra, queremos decir- estaba el alcalde, que llegó rodeado de su guardia de corps y al que la gente no le dio mucho la vara, por cierto. «Hay que programar conciertos para todos», respondía cuando se le cuestionaba sobre la afluencia en comparación con algún precedente. Él se estrenaba en los conciertos de este año con el de Siniestro Total.

Sin zarandajas

Ajeno a las conversaciones del alcalde, Julián y compañía seguían desgranando sus himnos. No se andan con zarandajas. Lo bueno de sus letras es que no necesitan que el autor las explique. Cuando Siniestro canta «España bebe, España se droga» queda claro el mensaje. Sobra el lirismo cuando suena el rock&roll.

Los clásicos

Para que no hubiera dudas entre la gente de que iba a sonar -o para deshacerse pronto de ella, vaya usted a saber- Siniestro lanzó enseguida Miña Terra Galega y comenzó a encender al personal, que demostró tener una buena memoria para las letras de las canciones. A partir de ahí sonaron casi todos los grandes clásicos de la banda y algún tema recién salido del horno. Al público, ni una concesión. A estas alturas ya no hace falta camelar al personal. Hubo alguna alusión a una tal Dolores, pero no a la ex alcaldesa sino a De Cospedal. «Pídeme el micro, no la púa», zanjó Julián con alguien de la primera fila. La música es así. Siempre se puede aprender algo. Los que estuvimos el miércoles en A Xunqueira descubrimos que, tantos años después, Yoko Ono no tenía la culpa de todo. «A culpa é dos Heredeiros», afirmó Julián.

Los coros y el sonido

Los coros se incrementaron cuando sonaron Dolores, Camino de la cama o Cuánta puta y yo qué viejo. Dio la impresión de que el sonido estaba un par de puntos por debajo de lo que se estila en un buen concierto de rock. Apuntes de los más exigentes. Un par de bises pusieron el punto y final con la sensación de que todo el mundo había cumplido su trabajo a la perfección, los de encima y los de debajo del escenario. Luego, mientras los técnicos iban recogiendo, los últimos rezagados apuraban sus cañas mientras los camareros, por fin desahogados, aprovechaban para hacer la caja. La recaudación irá destinada a Ahituvi, según apuntan desde Ravella. Será importante, que las cañas estaban a dos euros y los barriles volaban. El del miércoles no era un concierto de botellón. Era un concierto de rock&roll. Solo faltó Asumpta, pero esa era una chica muy mona que vivía en Barcelona. No colaría entre tanto feo. Ya saben: «Chusma, chusma, somos chusma somos lumpen proletariat. ¡Intenta mantener a raya a tan impresentable personal!».

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Queda claro, los feos somos muchos más