El poder desestresante de las lanas

La Voz

VALGA

JULIÁN MARTÍNEZ

Unas agujas de calcetar y toda la tarde por delante. Ese es el plan que cada miércoles seduce a una quincena de mujeres (y hombres) de Valga

14 nov 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

crónica valga pone de moda el «tricot-café»

«Mentres anda coas agullas deixa quieto o móbil», dice Ino mirando a Laura, su hija

La iniciativa pretende dar un impulso cultural y social a la zona de Ponte Valga

Las agujas de calcetar han salido de las bolsas de labores de las abuelas y se han convertido en un objeto tan moderno como el móvil. Tan cool se ha vuelto eso de hacer punto, que en ciudades grandes y pequeñas han comenzado a nacer clubes de aficionados a esta disciplina. «E se en Nova Iorque o fan, ¿non o imos facer en Valga?», reflexionaba ayer una de las participantes habituales del «tricot-café» que hace casi dos meses surgió en esta localidad. La iniciativa partió de la asociación cultural Virxe dos Dolores, un colectivo empeñado en devolver a Ponte Valga parte del esplendor perdido en lo que a actividades culturales y sociales se refiere. «Dende que abriu o auditorio de Cordeiro, esta zona quedou un pouco morta».

Quien así razona es Laura, una joven de 23 años que se ha enganchado a esto de tricotar en grupo. Forma parte del club de calceta desde que este echó a andar -siete semanas han pasado desde entonces-. Asistió a la primera sesión escéptica: «Nunca collera unhas agullas na man. Vía a miña avoa dándolle ás agullas para un lado e para o outro e sempre me pareceu difícil», relata. Pero le ha cogido el gusto. Y su madre, Ino, está encantada. «Mentres anda coas agullas deixa quieto o móbil», dice con ese tono universal de madres hastiadas de las nuevas tecnologías.

No son el único grupo familiar que se da cita en este club abierto a todo el mundo. Rosario también comparte la tarde de calceta con su hija, Cecilia. La madre es la presidenta de la asociación Virxe dos Dolores y la profesora oficial de punto. «¡É moi dura!», dicen sus compañeras de afición. Ella no se inmuta y responde con un refrán tan antiguo como sabio: «As cousas ben feitas ben parecen».

Y mira que se hacen cosas en este club de calceta: gorros, bufandas, chaquetas y pequeños jubones para los nietos que están por venir. El trabajo, sin embargo, no impide la conversación. «Repartimos as noticas do día, do ano, do pobo enteiro», dice Ino. Cuando el tema de conversación es jugoso, «isto parece a praza do peixe». Pero hay momentos también para el silencio, cuando solo se oye el tintineo de las agujas.

«Isto é moi desestresante», coinciden los integrantes del club. Ayer solo había mujeres en la cafetería de la casa de cultura de Valga, pero a las sesiones suelen acudir dos chicos: Roni, que se incorporó hace ya unas semanas «cunhas agullas que comprar nos chinos e que lle eran pequenas», y Santi, que está a punto de estrenarse en el complejo mundo del punto.

Dejamos al grupo calcetando. Un punto del derecho, un punto del revés. De vez en cuando, las manos se paran y alcanzan los vasos y las tazas que se hacen un hueco entre las madejas de lana. Y es que la tarde es larga -el club se reúne a las cuatro y media y la reunión se disuelve «cando lle cadra»- y siempre es bueno un tentempié. Sea «uncafé, un cacaolat ou unha tila».