El bombeo de O Piorno sigue vertiendo al río, para desesperación de pescadores y piragüistas
24 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Asegura Fernando Cobo, el director del director de la Estación de Hidrobioloxía de O Con, que si hubiese que poner nota al estado ecológico del último tramo del río Umia, esta oscilaría entre «moderado y malo». El diagnóstico se sustenta sobre una realidad incontestable: la presión que el ser humano realiza sobre el río desde Caldas hasta la desembocadura es enorme. «Todo O Salnés depende de la dinámica del río, tanto ecológica como económicamente, y sin embargo sufre todo el catálogo de presiones humanas que lo alejan de su estado natural», reflexiona Cobo. El Umia sufre «episodios de contaminaciones agudas» producidas por vertidos como el que desde el fin de semana mancha sus aguas en Cabanelas. Y el Umia se ve desfigurado, también por presas y azudes «que obstaculizan su circulación», como la represa que Augas de Galicia prevé construir en su cauce.
Es curioso: el diagnóstico que expone este experto en hidrobiología es similar, casi idéntico, a los que ponen sobre el tapete quienes viven el Umia en primera persona. Los piragüistas del Club O Muíño que se mojan en sus aguas, o los pescadores que acuden a echar la caña desde sus orillas. Dada la frecuencia de este tipo de episodios contaminantes, parecería lógico que a unos y a otros se les hubiese agotado la capacidad de sorpresa ante imágenes tan dantescas como las que el domingo se registró en el bombeo de O Piorno, y que aunque menos escandalosa, se sigue produciendo. Este vertido de aguas negras que sale a trompicones de las tuberías, enturbiando el agua y cubriéndolo todo de una pringosa segunda piel, ha logrado dejarlos atónitos.
Por lo menos a los pescadores. A las puertas de una nueva temporada de pesca, Manolo López, presidente de la asociación Pontemoamar, acudió ayer hasta este rincón para conocer de primera mano la magnitud del vertido que el domingo alarmó a quienes paseaban por el río. «Esto es totalmente insoportable», decía ayer López, mirando atónito un espacio ebrio de contaminación.
La situación en este punto es «totalmente insoportable», sentenció. Curiosamente, usó la misma expresión que el director técnico del Náutico O Muíño, José Vázquez, quien el domingo volvió a quedarse atónito ante un vertido similar al que, aproximadamente un mes antes, había deteriorado esa misma zona. «Estamos fartos», señalaba. Y urgía que, de una vez por todas, la Administración o la empresa concesionaria tomen medidas. La Mancomunidade ha prometido hacerlo, pero en el Náutico saben que, en el río, muchos compromisos acaban siendo papel mojado.
la contaminación del umia
La represa prevista en Cabanelas, una nueva «amenaza» para el caudal
Los vertidos en el Umia son un problema de tal magnitud que hasta la Mancomunidad ha decidido ponerse seria con este asunto y retirar la autorización de verter a la red pública a las empresas que incumplan la normativa. A fin de cuentas, fue una de ellas la que el domingo vomitó a la red general una mezcla de grasas y salsas que rebosó en O Piorno, formando una escandalosa mancha blanca y roja. Los vertidos son el problema más evidente de un río que en su último tramo no goza precisamente de buena salud. Pero esos episodios contaminantes no son el único mal que lo acecha.
Señala Fernando Cobo que las presas y azudes son otros de esos elementos que alteran los ríos. Estos, a fin de cuentas, son más que agua. «Este tipo de estructuras no solo afectan a los peces, que es la parte más visible, si no que entorpecen el paso de otra materia orgánica» que forma parte de la estructura de los ríos. El azud que Augas de Galicia pretende reconstruir en Cabanelas a fin de evitar que el agua salada inunde la toma que suministra a la isla de A Toxa ha desatado una gran preocupación entre todos aquellos colectivos implicados en la vida del río. Tanto el club de piragüismo O Muíño, como el Concello de Ribadumia, han presentado alegaciones contra esa estructura. Y otro tanto han hecho los pescadores. «Os peixes non van poder remontar», dice Manolo López. Si las cosas siguen así, señala, el Umia acabará perdiendo la riqueza piscícola que aún hoy lo caracteriza. Porque, a pesar de todo, truchas, reos, salmones, sollas y lampreas siguen dejándose ver en este poderoso caudal.