El belén ecológico de Pontecesures que recicla mimbre, maíz o lana

xacobe lamas PONTECESURES / LA VOZ

PONTECESURES

M.Irago

Fue inaugurado el pasado domingo con dos nuevos pastores y cinco ovejas

03 dic 2025 . Actualizado a las 12:16 h.

Para aquellos que ven en las Navidades un sinónimo de derroche y de consumo, las vecinas de Porto, en Pontecesures, tienen desde hace años la respuesta: su belén, construido a base de mimbre, es ecológico. Todo comenzó cuando en el 2017 un grupo de vecinas del barrio decidió participar en un concurso organizado por el Concello, que animaba a adornar las calles de Pontecesures con material reciclado. Una iniciativa que les encantó y que repitieron en sucesivos años, salvo cuando el coronavirus lo impidió.

Todo buen equipo necesita de un buen líder. En este caso, es Elena Vidal, quien se encarga de diseñar las piezas del belén y supervisar el trabajo que el resto de sus compañeras ejecutan. La alineación va variando según la disponibilidad de la gente, pero una quincena de manos, en su mayoría de mujeres, son las que montan este belén que fue inaugurado el pasado domingo.

Las labores se concentran, sobre todo, en el invierno. Entre enero y marzo se cosecha el mimbre, que en su mayoría es donado por vecinos del lugar, y se hace necesario trabajar con él cuanto antes. Los meses siguientes se dedican a preparar las estructuras internas de las efigies y a trabajar con otros materiales agrícolas, como el maíz. Las figuras suelen reciclarlas de año en año, siguiendo el espíritu de la iniciativa, pero cada año suelen ampliar el repertorio. A los protagonistas habituales del nacimiento, añaden un castillo flanqueado por un soldado romano, un marinero que navega el río sobre su barca, un perro, un leñador o una mujer con su cántaro. El año pasado, incorporaron un árbol navideño hecho con materiales reciclados del que Vidal está muy orgullosa: «Con las luces de noche, estaba precioso». Las novedades esta vez son varios pastores y ovejas, las cuales incorporan lana de verdad, aprovechada de prendas también donadas por particulares. Estos aportes han permitido que las cantidades puestas por las propias impulsoras de la iniciativa y sacadas de sus propios bolsillos hayan podido ir menguando.

No cabe duda que la idea ha calado en la gente, que lo visita con asiduidad. «Me gusta ver a los niños encantados, siempre quieren repetir. Una madre me dijo ‘Si paso por aquí con los pequeños, tengo que parar'», desvela Vidal. Los vecinos se deshacen en elogios y se aseguran de que la diseñadora no lo deje: «Mientras tenga salud y pueda, seguiré».