Peregrinos, sírvanse ustedes mismos

En Condide, una aldea de Pontecesures, existe un área de descanso para quienes hacen el Camino: baños, duchas y máquinas expendedoras para comprar casi de todo


vilagarcía / la voz

Como pequeños racimos, los carteles de establecimientos hosteleros y de servicios medran en los cruces del Camino Portugués a Santiago, disputándose la atención de los peregrinos que por él transitan. Bares, cafeterías y supermercados que antes del bum de la ruta llevaban el pausado ritmo de las aldeas que aún no se sabían jacobeas, han cobrado brío. El Camino no solo ha vivificado las economías de muchos locales. Ha alumbrado, también, nuevas ideas de negocio. Es el caso del «Área de descanso Buen Camino», un pequeño espacio pensado para que los peregrinos hagan una pausa, descansen, se den una ducha o se entreguen, durante unos instantes, a la hipnótica pantalla de la televisión.

Este espacio está en Condide, un aldea de Pontecesures. Emerge rodeado de viviendas unifamiliares, y sobre él llama la atención un vistoso cartel de color encarnado en el que se especifican los servicios que, en una pequeña construcción situada al fondo de un jardín, se ofrecen a los caminantes. Por cincuenta céntimos, se pueden dar una ducha o utilizar un baño. En las máquinas expendedoras pueden adquirir desde platos precocinados, hasta tiritas con las que tapar sus llagas. Dos microondas están listos para calentar bebidas y lo que sea menester, y una televisión, de la que cuelga un mando a distancia, se convierte en compañía para los caminantes solitarios a cualquier hora del día o de la noche. Porque este autoservicio, rural y cosmopolita, está abierto a todas horas, custodiado por cámaras de vigilancia.

Quizás sean ellas, o el espíritu del Camino, lo que hace que, desde su apertura el pasado mes de junio, en este local no se haya producido ningún problema nunca. «Cuando colocamos los microondas nos dijeron: a ver cuánto os duran. Pues ahí están», dicen los responsables de este curioso negocio. Aunque en invierno el número de peregrinos baja de forma considerable, han querido dejar su «área de descanso» abierta. Y, ¡sorpresa!, el negocio sigue funcionando. «Hasta la gente de la aldea se acerca hasta aquí, se sienta en las mesas del jardín, toma algo, charla...», cuentan los responsables del establecimiento. Y ayer mismo, por la mañana, «cuando fuimos a reponer las máquinas nos encontramos a un grupo de peregrinos que estaban sentados dentro, tomándose algo. Nos pidieron permiso para tener la puerta cerrada porque hacía mucho frío. Les dijimos que sí, claro, y se quedaron muy agradecidos. La gente del Camino es fantástica», concluyen los responsables de un negocio sorprendente.

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