El Camino de Santiago se pone en forma para el Xacobeo

Las obras realizadas en el tramo que discurre por Pontecesures y Valga han eliminado algunos de los puntos negros de la vía


valga / la voz

Aunque con mucha menos intensidad que durante el verano, los peregrinos siguen recorriendo el Camino Portugués a Santiago de Compostela. Bien tapados, con el rostro arrebolado, algunos caminan a buen ritmo para espantar el frío que, cerca del mediodía, sigue haciendo en Valga. Otros van más despacio, bien por el cansancio, bien porque la demora en los trechos de sol resulta placentera. «No verán esto estaba cheo de xente. Agora pasan moitos menos, pero aínda así pasan», cuenta José Manuel Otero, Caamaño, quizás la persona que mejor conoce el camino a su paso por Valga y Pontecesures. Tiene razón. En un recorrido por la ruta nos cruzamos con media docena de peregrinos. No está mal para estar en pleno invierno.

Pero de lo que se trata hoy no es de contar caminantes, sino de revisar el estado de una vía que se ha convertido en un motor turístico imparable. Tanto es así, que la Xunta quiere que el recorrido presente su mejor cara de aquí al año Xacobeo, el 2021. A tal fin, la Administración autonómica ha destinado 532.199 euros a un «proxecto de construción de sinalización e mellora do Camiño Portugués» en el tramo que discurre entre Caldas de Reis y Santiago. Se trata de una actuación cofinanciada por la Unión Europea y que ya se deja notar en varios puntos del recorrido.

Y es que había algunos tramos que necesitaban, con cierta urgencia, un buen arreglo. Valga es un territorio cuajado de regatos, en el que el agua causa estragos en pistas y caminos. Y el de Santiago, por mucho que sea ruta jacobea, no se libra de los daños que ocasionan las escorrentías. Pero tras el paso de las brigadas que se están encargando de poner a punto el recorrido, la situación ha mejorado mucho. La mayor parte de los kilómetros que discurren por Valga y Pontecesures están en perfecto estado, con un suelo de tierra bien apisonado bajo el que asoman, dando forma al camino, un soporte de piedra. Es el mismo material que cada poco cruza la vía, convertido en canalizaciones que permiten al agua encontrar su lugar de paso sin causar destrozos. Solo queda, en ese sentido, un punto negro: es el tramo situado junto a Casal de Eirigo, donde el firme del camino acusa los efectos de las fuertes lluvias que cayeron antes del cambio de año.

Hay otros asuntos que también han mejorado. El Camino llega a Valga desde Caldas de Reis, obligado a los peregrinos a cruzar la N-550. Los lugares de paso habituales de quienes hacen la ruta se han hecho visibles para los conductores gracias a carteles luminosos que alertan a quienes viajan en coche de que se acercan a un lugar frecuentado por peatones cargados con mochilas y conchas de peregrinos. También para estos ha mejorado la señalización, con nuevos mojones.

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