Érguete y el SPAD de O Grove, una alianza clave en la lucha contra la droga
O GROVE
La asociación fundada en 1988 peleó hasta lograr la apertura del centro, que ahora ha sido traspasado a la Xunta
02 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El Servizo Preventivo Asistencial de Drogodependencias (SPAD) de O Grove —igual que el de Vilagarcía y otros de Galicia—, comienza una nueva etapa, tras hacerse efectivo su traspaso al Sergas. El centro pone fin a un ciclo de 35 años que si se inició fue gracias a la existencia de O Grove Érguete, una asociación que jugó un papel clave en el municipio en un momento muy convulso en la comarca de O Salnés, volcándose en la ayuda al toxicómano y en la denuncia implacable del narcotráfico.
Corría el año 1988 cuando un pequeño grupo de vecinos, encabezados por Ventura Fernández, dio el paso y creó este colectivo. Buscaban ayudar a docenas de jóvenes, enganchados sobre todo a la heroína. Entonces, el de la droga era un problema enorme, de dimensiones desconocidas. Ventura lo estaba sufriendo en su propia casa y fue la desesperación lo que lo empujó a buscar información para ayudar a sus hijos y a todos los que, como ellos, habían caído en la adicción. En su lucha, consiguió acabar implicando a gran parte de la sociedad civil.
Recuerda su hija Viky, que también fue parte activa de Érguete, que Ventura estaba «muy frustrado pensando en cómo se iba a permitir dejar ir a toda una generación sin hacer nada». Sabía que existía en Vigo un sitio donde proporcionaban ayuda, era Érguete Vigo. Allí conoció a Carmen Avendaño, quien lo asesoró y le ayudó a poner los cimientos para hacer lo mismo en O Grove. De hecho, Ventura ayudaría más tarde en la creación de otras asociaciones, como Esperta en Cambados y Avante en Portonovo.
En aquellos primeros compases, en la directiva había padres que como Ventura padecían el problema, pero también otra gente que no tenía a nadie afectado pero que, consciente del problema, se volcó en ayudar. Es el caso de Mari Carmen Cacabelos —quien sería digna sucesora de Ventura, según cuenta Viki— o Manolo Outeda. Escuchaban y daban soporte a los afectados y a unas madres que acudían a ellos desesperadas por encontrar soluciones.
En aquel momento arrancaba el Plan Autonómico de Drogas —se había creado en 1986—. Los jóvenes de O Grove con problemas de adicción comenzaron a ser enviados al SPAD de Vilagarcía, a Marín o a Pontevedra para que fueran atendidos y les pudieran dispensar tratamiento. Pero aquello implicaba un esfuerzo importante, pues había que desplazarse tres o cuatro veces por semana. Por eso, a principios de los noventa Érguete demandó que se trasladara ese servicio, aunque fuera unos días, a O Grove. «Hubo moita sensibilidade por parte do Plan de Drogas. Entendeuse que aquí había un índice moi importante de xente con adiccións á heroína, e tamén de afectados de SIDA», recuerda Mari Carmen Cacabelos. «Por aí comezamos, por iso chegou aquí o SPAD, logo dunha loita da asociación».
Fue en el año 1991 cuando, tras negociar con el ayuntamiento, se gestó el servicio y se buscó un local para acogerlo. Además de sentar las bases del centro, Érguete siguió trabajando dando apoyo a los afectados, integrándolos en la sociedad, borrando estigmas... Hacían labores de acompañamiento, iban a recoger tratamientos, a las terapias, hacían seguimiento a los pacientes para que no se olvidasen de las citas, les ayudaban a realizar trámites burocráticos, iban con ellos a los procedimientos judiciales, les buscaban alternativas de reinserción, estaban ahí en las recaídas... La implicación era total.
Consiguieron que tres veces por semana acudiesen un psicólogo y un médico al SPAD meco, mientras se arreglaba el local para instalar definitivamente el servicio. Luego sumarían una asistente social, y la plantilla iba a seguir creciendo.
Lograron muchas pequeñas victorias, explica Viky. «Uno de los logros fue que en el hospital, a los enfermos de SIDA los tratasen con un poquito de humanidad, que no les tuvieran señalados con una marca en las puertas de las habitaciones», cuenta.
Se hizo una labor inmensa de prevención, y también de reinserción. «La Escuela de Hostelería del Salnés la consiguió Érguete», recuerda Viki. Fue un empeño del colectivo, que también hizo formaciones, cursos de jardinería, de fontanería… Además de mil y una actividades dirigidas a los jóvenes: campamentos con el Rasoeiro BM, talleres de pintura, de cerámica, charlas, alternativas de ocio de las que participaron cientos de niños del municipio.
También el trabajo de denuncia del narcotráfico fue muy importante. En O Grove se hicieron las primeras manifestaciones, coincidiendo con la Operación Nécora. Érguete fue una asociación que arriesgó mucho, señalando a los contrabandistas. A cambio recibieron amenazas, pero la entidad nunca se amilanó. «Hay que reconocer el trabajo de aquellas personas que un día abrieron los ojos y vieron que había un problema muy gordo», dice Viky.
«Desapareceron moitos rapaces de vinte tantos anos, foi duro» cuenta Ana Eva Gondar, auxiliar de enfermería del centro, aún en activo. «Os pais chegaban desbordados», recuerda. El SPAD se constituyó como un servicio multidisciplinar, con médico, psicólogo, educadora social, trabajadora social, enfermera, auxiliar de enfermería , administrativo y un técnico de prevención, que demostraron gran vocación por lo que hacían.
El SPAD «non era o centro ao que ían os drogadictos a tomar metadona, había moito traballo detrás, e a prevención era importantísima», señala Ana. «Algunhas persoas que viñan ían estar enganchados toda a súa vida, pero ensinábaslle a que o fixeran de xeito saudable, que non se pincharan con agullas doutros para non infectarse, por exemplo». Se hicieron talleres de prevención de recaídas, se atendían patologías mentales, «e nos asegurabamos de que tomasen as medicacións».
Sobre el 2013 dejaron de tener técnico de prevención —igual que en el resto de Galicia— , un papel que ya no asume nadie, en un centro que llegó a tener noventa pacientes al día. La actividad sigue siendo necesaria y seguirá, de momento, instalada en Lordelo.