O Grove estrena los nuevos viernes de paseo y compras

El mercadillo volvió a la localidad meca, pero en lugar de a O Corgo, se desparramó por Beiramar


o grove / La voz

Bajo el puente de A Toxa, las mariscadoras de O Grove escarbaban en la arena en busca de las preciadas almejas de la ría. En el paseo de Beiramar, algunos caminantes detenían su paso y se quedaban observando, durante unos instantes, una de las estampas más hermosas que ofrece esta localidad arousana. Luego, muchos se ponían en marcha. Quienes se dirigían hacia el centro de la localidad no tenían que dar demasiados pasos para encontrarse con el mercadillo ambulante de O Grove. El Concello meco reactivó este viernes 5 la celebración de la feria, solo que esta, en lugar de celebrarse en una abigarrada plaza de O Corgo, se ha desparramado por Beiramar, llenando el camino de puestos de ropa y calzado.

El concejal Juan Ramón Outeda supervisaba, a media mañana, la evolución de la jornada. Pasadas las once, la Policía Local acababa de colocar los carteles que recordaban las normas a cumplir en el recinto del mercadillo, marcado con una colorida cinta. Son sencillas y sobradamente conocidas por todos en este tiempo de pandemia: mantener la distancia de seguridad, usar mascarilla, evitar tocar excesivamente las mercancías y emplear gel desinfectante. «A inmensa maioría da xente ten a máscara posta, e os postos están situados a dous metros de distancia... Co complicado que foi organizar todo isto, está saíndo todo bastante ben», se felicitaba el concejal, que durante la mañana recorrió algunos de los aproximadamente cien puestos instalados en el paseo de Beiramar para ver cómo iban las cosas.

Era consciente Outeda de que no todos los ambulantes estaban satisfechos con la nueva ubicación. Pero, incluso entre los descontentos, parecían ser mayoría los que entendían que esta es la única solución posible dada la crisis sanitaria generada por el covid-19. «Esto está muy paradito, aquí y en todos lados... A ver si la gente le va perdiendo el miedo a venir al mercado», decía una mujer tras su puesto de ropa. A su lado, se diría que a más de los dos metros requeridos, un joven se entretenía con el teléfono mientras no llegaban clientes. Un cartel advertía a estos de que para tocar la mercancía debían utilizar el dispensador de gel que había allí mismo. «La gente cumple. Y si no, se lo decimos». Porque ganar al covid-19 es cosa de todos.

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