Cuando las manos deciden hablar

La grovense Lorena Meis es la creadora de Don Signo, una marca de complementos en el que los mensajes -unos riquiños, otros poderosos- están escritos en lenguaje de signos


o grove / la voz

Formulaba Tabucchi en la novela Sostiene Pereira, que en el interior de las personas habita una «confederación de almas». Un puñado de personalidades, a veces contradictorias, que nos van metiendo y sacando de líos. En el interior de Lorena Meis Naveiro, sus apellidos dejan claro que es de O Grove, lo que hay es una confederación de pasiones. La pasión por el dibujo que la acompaña desde la infancia. La pasión por la enseñanza que descubrió con los años. La pasión por utilizar sus manos para derribar barreras y para construir palabras y puentes gracias al lenguaje de signos. Conoció ese idioma, que debería ser universal, «cuando era pequeña; una intérprete me enseñó el abecedario y aquello me quedó grabado. Luego, con los años, hice un curso y ya me enganché de todo», nos cuenta esta grovense desde el País Vasco, donde reside.

Lorena quería dar rienda suelta a esas tres grandes pasiones. Y así nació, hace un tiempo, Don Signo, una marca «comprometida con la difusión de la lengua de signos, la única lengua que se puede dibujar». «Si hay camisetas, agendas y tazas con lemas en gallego, en castellano, en todos los idiomas... ¿Por qué no en este?», se preguntó un día Lorena. Y así comenzó su empeño por plasmar, en artículos cotidianos, ilustraciones acompañadas de su correspondencia en lenguaje de signos. Consejos para disfrutar de la vida, arengas para plantar cara a las dificultades, refranes que arrancan sonrisas... El abanico de opciones es tan amplio como la garantía de que cada pieza es una pequeña joya. Porque todo se hace «a pequeña escala, nada que ver con las producciones en masa». Así que Don Signo no tiene stock, «cada pedido se hace personalizado, de forma individual y artesanal, pieza a pieza y con mucho cariño».

El taller de esta grovense está lejos de Arousa: en el País Vasco. Hasta allí la ha ido empujando la vida. Pero lo bueno que tienen las mecas es que pueden vivir en cualquier lugar, pero siempre mantienen vivo el vínculo con su tierra. Y el caso de Lorena es, en eso, paradigmático. «Voy a O Grove con mucha frecuencia», cuenta. Es más. Cualquiera que rastree en su página web comprobará que la mayor parte de las fotografías de productos que hay allí colgadas han sido tomadas en O Grove. Y es que la tierra tira mucho, reconoce Lorena, cuya vinculación al entramado social y creativo de su pueblo queda patente con su participación en Grovemakers.

Los objetos de Lorena, que se ha marcado como reto «poner de moda la lengua de signos», circulan por toda la península. Entre el público en general, explica, triunfan aquellos en los que el nombre de cada persona está acompañado por su traducción al lenguaje de signos. Camisetas, sudaderas, bolsos, cojines y tazas brillan con esa propuesta, tan sencilla y tan original al mismo tiempo. «Carlota Corredera se puso un día una de nuestras camisetas y fue un bum», cuenta Lorena. Pero, ya lo hemos dicho, el catálogo es muy amplio. Y cada vez son más los educadores que han comenzado a adquirir láminas y otros materiales de Don Signo porque, en muchos casos, son un elemento que facilita el aprendizaje. Cada una de esas ventas hace especialmente feliz a Lorena y a esa parte de su alma que ama la enseñanza.

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