Las previsiones de la hostelería se desinflan tras un julio inestable

Aunque los fines de semana se logra el lleno, la temporada no consigue estabilizarse. El mes estuvo marcado por los turistas «de corta distancia» y las escapadas rápidas a la costa


vilagarcía / la voz

«Un verano raro». Así califican muchos de los hosteleros de la comarca el primer tramo de esta campaña turística. No se puede decir que el mes de julio haya sido, exactamente, malo. Pero tampoco ha sido bueno. «Quizais é que tiñamos unhas expectativas demasiado altas», señalaba ayer un hostelero de O Grove. Después de los excelentes resultados de 2017 y 2018, el sector esperaba encadenar otro estío excepcional que sirviese para engrasar todo para el próximo año Xacobeo, el 2021. Pero no están saliendo los planes según lo previsto. Con el mes de julio tocando a su fin, entre los hosteleros se impone la cautela, los dedos cruzados y el deseo de que «as cousas melloren en agosto».

«Cada uno cuenta la feria según le fue», apuntan desde el hotel Playa Compostela, en Vilagarcía. «Nosotros estamos conformes con cómo va el verano. Somos un hotel pequeño. A veces quedan habitaciones libres, a veces nos faltan», apunta el propietario de este establecimiento. Muy cerca del mismo está el Hotel Carril, que también mantiene este año la tendencia de los pasados. «De ocupación vamos muy bien, la verdad», dicen en recepción. Sin embargo, esas buenas sensaciones que llegan de Carril se diluyen en el centro de Vilagarcía. Richar Santamaría, el presidente de la asociación de hostelería, explica que bares y restaurantes notan esa misma sensación de rareza que se percibe en O Grove. «Está siendo un verano extraño, sobre todo si lo comparamos con los dos últimos, en los que había un movimiento continuo, que empezaban en junio y que se prolongaban hasta septiembre. Yo diría que está siendo un verano clásico, pero clásico del 2015 para atrás. Y en el caso de Vilagarcía, no descarto que después del Combate Naval se produzca un gran bajón».

Aunque eventos como el Europeo de Vela contribuyen a maquillar los resultados de julio, Santamaría insta a sus socios a ser cautelosos y a no echar las cuentas de la lechera. En su discurso subyace la sensación que se percibe en los establecimientos de O Grove, donde son pocos los que se atreven a poner nombre a un temor que parece extendido: el de que estemos entrando en una nueva etapa de retracción del consumo. «Al tiempo, desde luego, no le podemos echar la culpa. No está haciendo muchísimo calor, pero el tiempo tampoco es tan malo», apuntan desde varios establecimientos. Días como el de ayer, pasados por agua, no sirven como excusa para justificar este verano de «dientes de sierra».

Y es que ese es el dibujo que hacen los datos de ocupación de los establecimientos hoteleros de O Grove. «Los fines de semana se trabaja muy bien, pero entre semana la cosa se desinfla», dicen desde el sector. «Hay unas oscilaciones muy marcadas. Los fines de semana podemos estar llenos, y entre semana quedarnos en el 50 %». La situación, apunta Jose Benavides, vicepresidente de Emgrobes, es quizás más llevadera para los negocios de restauración. A fin de cuentas, hasta O Grove se desplaza mucha gente a pasar días, incluso los días malos. «A Toxa, el acuario y los barcos de paseo atraen a gente que no está alojada aquí», explica.

Un mes marcado por los turistas «de corta distancia» y las escapadas rápidas a la costa

Los llenos que se registran durante los fines de semana resucitan el modelo turístico de las escapadas rápidas a la costa. En O Grove lo tienen claro: la gente que llega los viernes y se va el domingo llegan de lugares más o menos próximos -León, Bierzo, Asturias, Norte de Portugal- dispuestos a exprimir sus días de descanso semanales. «É xente de recorrido corto, que fan escapadas tamén cortas», explican desde algunos hoteles. Cuando esos viajeros de fin de semana vuelven a casa, los establecimientos grovenses sufren una marea baja, que puede ser más o menos aguda en función de las herramientas que maneje cada establecimiento. Y es que hay locales que han logrado reforzar su oferta para conseguir, incluso en un mes tan incierto como este, mantener unos resultado similares a los del año pasado, y eso que aquel fue un mes excepcional.

Por lo general, los veraneantes que eligen Arousa llegan de otros puntos de España y suelen viajar en familia. Es verdad que cada vez son más los extranjeros que llegan hasta nosotros. Pero su número baja en los meses centrales del verano. «Se vio mucho extranjero en junio, y contamos con que vuelvan a verse en septiembre. Pero en julio y agosto es como si escapasen de la masificación», explica el grovense Jose Benavides. Él, como el resto de empresarios del sector, tiene la mirada puesta en el mes de agosto. Y es que, de este mes, sobre todo, dependerá el balance final del verano. Septiembre, si el tiempo sonríe, también puede guardar alguna alegría para el sector hostelero. Pero eso, solo el tiempo lo dirá.

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