Sor Clara instauró una escuela en la localidad que su alumna se encargó de mantener a lo largo del tiempo
02 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Hace ya cuarenta años que la Navidad tiene en O Grove una cita con el baile. Es el tradicional festival que ahora organiza Cantodorxo, pero que tiene sus orígenes en el colegio de Nuestra Señora del Carmen. Porque allí hubo una vez una directora que se llamaba sor Clara, «que era una apasionada del baile y de la danza», recuerda Graciela Prol. Ella fue su alumna. Empezó con cinco años en sus clases y se ha ocupado de mantener su legado, de que las niñas de la localidad -porque casi la totalidad de sus alumnas son del género femenino- tengan un lugar en el que aprender a dar sus primeros pasos. Y de seguir organizando los festivales que todas las Navidades, y también en verano, celebraba sor Clara.
Tenía solo cinco años cuando a Graciela la apuntaron a las clases de baile de sor Clara. «Yo empecé desde muy pequeñita y estaba siempre con ella», relata. La madre superiora era cordobesa y llegó a O Grove para trabajar en el colegio. Fue allí donde nació el grupo de baile que, enseguida, supo conquistar a los vecinos. «Rara era la niña que no iba a las clases de baile de sor Clara», explica ahora. Reconoce que era una persona muy especial, con la que enseguida conectó. «Imagínate que llegamos a hacer la lambada, que eso era inimaginable para una monja», cuenta. Sor Clara se ocupaba de todo, de dar las clases, diseñar las coreografías y coser los vestuarios. «La ayudaban las otras monjas, pero hacía de todo. Daba clases en el colegio y también en infantil y después de las cinco de la tarde, su pasión era dedicarse a sus niñas del baile», añade.
Graciela iba con ella a todas partes y «siempre me decía que cuando ella faltara, yo tenía que continuar», relata. Se acuerda de que cuando sor Clara se puso enferma y estaba hospitalizada, «me decía que tenía que llevar a las niñas al baile. Ella quería que yo continuara y, como a mí también me encantaba y me apasionaba, pues continué», asegura.
La escuela de baile siguió, primero, en el colegio. «Sor Mercedes me apoyó mucho y me dio todo lo que necesitaba», relata. Pero llegó un momento en que el centro quiso destinar el local a otra actividad. Ahí nació Cantodorxo, como una asociación cultural. Actualmente, tienen alrededor de 90 alumnos, divididos en varios grupos. Porque aquí se puede aprender baile moderno, pero también tradicional o a tocar la gaita. Tienen un grupo de majorets. «El padre de sor Clara era militar y por eso yo creo que montó este grupo. Nosotros solo cambiamos un poco el vestuario, pero mantuvimos el colorido que ella diseñó», añade Graciela. 22 personas, de entre 12 y 48 años, forman parte de esta formación y desfilan cada vez que hay una fiesta en la localidad meca. Son la cara más vistosa de la agrupación. Pero hay más.
Cantodorxo cuenta con un grupo de baile tradicional mixto, en el que bailan los mayores. También, con su propia escuela de esta disciplina y con grupos de gaitas y pandereteiras. Por último, están las de baile moderno. Todos ellos participan en los dos festivales que se celebran cada año y que, juntos, suman ochenta ediciones. «Trabajamos mucho. Cada grupo hace tres o cuatro coreografías por festival, eso sin contar el baile final que hacemos todos juntos», explica Graciela. Ella también es de las que participa. Aunque tendrá que dejarlo durante una temporada, está a punto de dar a luz, hasta hace poco todavía se vestía de majoret. Y va a clases de pandereteira también. Cuarenta años después, la música y el baile siguen siendo su pasión. «Para hacerme profesional me tenía que ir de aquí y dejarlo todo y ya no podría continuar con la escuela», asegura. Así que optó por lo segundo, por mantener el legado de sor Clara. Durante un tiempo lo compaginó con su trabajo en el Gran Hotel. Pero hace ya unos años que se dedica en exclusiva a sus alumnas de baile. Y así quiere seguir. Asegura que los festivales se preparan con el mismo cariño y con la misma ilusión que hacía sor Clara. «Veo ahora a las niñas, preparando los festivales y tengo la misma sensación que tenía yo con su edad», relata. Así que es bastante probable que, en unos años, estemos en estas mismas páginas hablando del medio siglo del festival de Cantodorxo.