Experimentos para lograr un paseo más seguro

Catoira busca fórmulas para evitar resbalones y mejorar el mantenimiento de su principal ruta


catoira / la voz

El paseo fluvial de Catoira, que discurre desde el Concello hasta más allá de las Torres de Oeste, es la ruta más caminada de toda la localidad. Los sorprendentes parajes que recorre lo dotan de un atractivo especial tanto para quienes viven en la localidad vikinga como para quienes llegan desde Vilagarcía u otras villas del entorno para hacer un poco de ejercicio y disfrutar del aire libre. Sin embargo, este paseo presenta algunos inconvenientes. Construido en una zona que exige un cuidado extremo de los materiales y de las obras que allí se realizan, en varios tramos la ruta se transforma en pasarelas de madera. Y ese material, que estéticamente encaja a la perfección en un entorno de marismas y de gran valor histórico, tiene sus problemas. Por un lado, el coste del mantenimiento. Por el otro, los resbalones que se producen con facilidad en diversos tramos.

Hace unos meses, el Concello de Catoira destinó una subvención de la consellería de Cultura e Turismo de 31.456 euros a la «reforma, acondicionamento e supresión de barreiras arquitectónicas no vial peonil de acceso ás Torres de Oeste». Ese dinero, al que hubo que aportar unos siete mil euros más de las arcas municipales, se empleó para reponer buena parte de la madera del principal tramo del paseo. De hecho, entre la playa fluvial y el recinto en el que se celebra el desembarco se alternan tramos más oscuros, de piezas viejas, con otros mucho más claros, aún sin haber sido tratados por el tiempo.

Así que tanto el entablado del suelo como las vallas laterales están al completo. Pero esa realidad puede cambiar en cuanto a algún gamberro se le ocurra. Por esa razón, el gobierno que encabeza el nacionalista Xoán Castaño está analizando «alternativas para mudar o material que se utiliza no valado», cambiando las pesadas piezas de madera «que custa cartos e traballo repoñer» por otra alternativa que sea más económica y que permita una restauración más rápida. «Nalgunhas rutas deste tipo están empezando a empregar cordas», explica el alcalde, que no descarta aplicar esa alternativa en Catoira.

Una prueba práctica

El problema de los resbalones también ha merecido la atención del gobierno local. De hecho, tras recorrer varias sendas similares a la suya, este ha decidido hacer una pequeña prueba que consiste en instalar sobre el suelo una suerte de rejilla bien adherida a la madera. El sistema, que ha sido instalado en el arranque del paseo, a un tiro de piedra del consistorio, parece estar dando buenos resultados. «Non sería unha solución que se aplicase en todo o percorrido, senón naquelas zonas máis esvaradizas», dice Castaño.

El alcalde indica que la ruta tiene mucho tránsito, y que por eso es necesario invertir en su mantenimiento y en su cuidado. De hecho, se está barajando rehabilitar un punto de agua existente al final del paseo, ya casi en el límite con Valga, para que los caminantes puedan refrescarse y beber si así lo desean. Todas estas acciones, dice Castaño, deben realizarse atendiendo al criterio de control de gasto que, a su juicio, tiene que marcar todas las actuaciones de un Concello que arrastra una deuda importante.

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