Una partida de ajedrez entre Ulf y Sisnando

«Xaque mate a Jackobsland» repasa las luchas entre cristianos y vikingos en la Galicia medieval


catoira /la voz

Cuando regresó a Galicia tras una larga estancia en Italia, la mirada de Pablo Culebras no era la misma. Fue entonces, tras la vuelta a casa, cuando se dio cuenta de que «outros países, con moito menos do que nós temos aquí», han logrado sacarle brillo a su historia y a su patrimonio hasta convertirlos en una fuente de riqueza. Convencido de que «a nosa historia está chea de episodios que ben poderían dar para unha serie de televisión ou para unha película», este diseñador gráfico vigués se arremangó. Corría el verano de 2016 cuando se le ocurrió, durante una visita a la Romaría Vikinga de Catoira, convertir la apasionante historia de las incursiones normandas en un juego de ajedrez. Ayer volvió a ese municipio arousano para presentar, ante los alumnos del colegio Progreso, su obra ya rematada. Una pequeña joya en la que nada es fruto del azar. En la que todos los detalles, por pequeños que parezcan, hunden sus raíces en un pasado que el autor ha estudiado a fondo.

Así que, a la espera de que algún director de cine oiga hablar de aquella fortaleza en el Ulla contra la que los vikingos estrellaban sus naves una y otra, y otra vez, podemos jugar una partida a «Xaque mate a Jackobsland». Es este el título de un libro erudito, divertido y lleno de sorpresas, y de un tablero de ajedrez en cuyo diseño se mezclan rasgos del arte románico y otros sacados, directamente, del mundo de la banda diseñada.

En primer lugar, extendamos el tablero: un falso pergamino antiguo en el que las casillas blancas y negras esconden un mapa de Galicia. Al Oeste se colocarán las piezas negras: el ejército vikingo que encabezan Odín y una Valkiria. Al Este, las tropas cristianas bajo el mando del Apóstol Santiago y la Reina Lupa. Y es que, en esta histórica partida, hay sitio no solo para personajes reales, sino también para leyendas y mitos.

Todas las piezas de este juego toman forma de monedas antiguas. Los peones son elementos circulares en los que asoman rostros inspirados en la iconografía románica. Cada soldado raso es único: no hay dos caras iguales, ni nombres repetidos, porque para bautizar a los integrantes de las primeras filas de los ambos ejércitos ha buceado Pablo Culebras en viejos códices y documentos antiguos. Hasta los escudos que luce uno y otro ejército tienen una base histórica.

Si el juego llega a sus manos, puede que se sorprenda al encontrar, entre las filas normandas, a una guerrera. «Pero é que cos viquingos loitaban as mulleres; era unha sociedade en moitos sentidos máis igualitaria» que la de los reinos cristianos, relata Pablo Culebras, que no ha podido resistirse a introducir a una de aquellas bravas nórdicas en su composición. Como tampoco falta en la misma un guiño a la fortaleza de Catoira que, durante tantos años, fue la primera línea de defensa de Compostela ante los ataques nórdicos. Las torres cristianas son, obviamente, las de Oeste. «Pero os viquingos non tiñan torres... ¿Que podía utilizar como torre negra?», relataba ayer Culebras a los estudiantes. No los dejó con la duda: navegando por el pasado del ajedrez descubrió que los propios vikingos, en sus tableros, habían sustituido torres por barcos. «E iso mesmo fixen eu», relata.

Para los alfiles tuvo que hacer algo semejante. Los «obispos» blancos no le causaron ningún problema: escogió a Sisnando y a San Rosendo, dos personajes históricos que batallaron contra los vikingos y que, además, tuvieron una belicosa relación personal. «De novo, os viquingos non tiñan bispos. Pero descubrín que en Italia traduciran como tal a figura dos caudillos. Así que escollín a dous caudillos viquingos que estiveron en Galicia, Gunderedo e Ulf». Solo nos queda, para tener el ejército completo, a los caballos. En las filas blancas ocupan ese puesto dos caballeros destacados, también sacados de la historia: los condes Gonzalo y Pedro. En las negras, unos guerreros de élite vikingos: los berserker, que peleaban desnudos, en éxtasis y convencidos de ser lobos.

Las fuerzas ya están alineadas sobre el tablero. La victoria final dependerá, más que de la bravura de uno y de otro ejército, de la pericia de los jugadores que se enfrenten en esta partida histórica. Si no conoce las reglas del juego, lo lamentará. Se quedará con las ganas de viajar al pasado.

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