ENTRE LÍNEAS
26 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.JUGUÉ con él al fútbol muchas veces en el campo del Castro Alobre, en Catoira y en Caldas. Oliveira era puro tesón, puro pundonor en la cancha. Su puesto era el de lateral derecho y sus condiciones de auténtico atleta se dejaban notar cada vez que subía la banda. Oliveira se tomó su grave enfermedad como un partido de fútbol más. Sin desfallecer ni tan siquiera cuando la derrota se presentaba como el panorama más probable. Él jamás se rendía. Era el paradigma de la vitalidad. De la alegría. De la firmeza. Como tantas veces, el partido se torció sin remedio. Su muerte ha sido para los que le admiramos un gol por toda la escuadra. Un contraataque fatal para ese gran equipo de amigos y conocidos que le tuvimos como un ejemplo del esfuerzo, del sacrificio y de la valentía humana. Oliveira, amigo, la banda derecha estará desierta sin tí.