Donde Julio Iglesias esperó por mesa

El salpicón de mariscos es el plato estrella y sus bodas son sonadas. Todo empezó hace 141 años con una humilde casa de comidas en el centro de Cambados. Casa Rosita va ya por la quinta generación


redacción / la voz

Casa Rosita asistió a los tiempos en los que unos callos y un cabrito asado hacían que una boda fuera de lujo. No hace tanto, cosa de medio siglo, que el marisco empezó a adueñarse de los menús, y este restaurante no solo supo adaptarse a las nuevas tendencias sino que fue uno de los precursores a la hora de convertir las vieiras, las nécoras y los camarones en marca de la casa.

El noventa por ciento de sus clientes no perdonan ese salpicón de mariscos que tantos paladares ha conquistado. Por 20 euros, y sin mancharse las manos, se puede disfrutar de todos los sabores del mar gracias a una receta de Gardenia, la nieta del fundador, que un día pensó que sería bueno comer centollo con tenedor.

El secreto del éxito está en la calidad de la materia prima y en la paciencia que requiere separar la vianda de la concha. Casa Rosita solo trabaja con producto fresco, comprado directamente en las lonjas de Cambados, O Grove, Pontevedra, Vigo, Marín..., y cuando el volumen del encargo obliga, recurre a proveedores. En este restaurante se mueven ingentes cantidades de comida y, pese a todo, «no tenemos congeladores, solo uno pequeño, para el pulpo y poco más», según explica Rosa Montero.

Ella constituye, junto a su hermano José Ramón, la quinta generación al frente de un negocio que tiene galones de sobra para figurar en esta sección. Será por historia. El germen fue una pequeña casa de comidas con fonda que abrió su tatarabuelo, recién llegado de Argentina, hace 141 años. Aquel emprendedor decimonónico bautizó el negocio con el nombre de su hija Rosita, sin llegar a imaginar que el diminutivo daría lugar a un referente de la hostelería con mayúsculas.

El restaurante forjó su fama en el antiguo local, situado en el centro histórico de la villa, pero en los años ochenta empezó a quedarse pequeño y Javier Montero se atrevió a pensar a lo grande y construyó un hotel-restaurante en las afueras del pueblo. Las listas de bodas empezaban a sumar tres dígitos y hacían falta espacios más amplios y modernos. En sus dos salones para banquetes caben cientos de comensales, y más sitio que hubiera. Hubo novios que supeditaron la fecha de la ceremonia a la disponibilidad del restaurante. Y para que la fiesta sea completa, Rosita cuenta con 55 habitaciones para pasar la noche después del baile y de las copas.

Su última apuesta empresarial es por los eventos al aire libre. Rosita ha habilitado unos jardines que invitan a dar el sí quiero acunados por la brisa y a departir durante esos aperitivos cada vez más largos y sofisticados.

Su escalinata ha recibido a miles de personas. La mayoría proceden de la comarca de O Salnés, pero no falta quien está dispuesto a hacer cientos de kilómetros cuando se trata de quedar bien con la familia y los amigos a la hora de organizar bautizos, bodas y comuniones. Y de más lejos también. La casa recibió a novios llegados de Cataluña, Madrid o Palencia que terminaron por casarse en Galicia al reclamo de un banquete con ocho platos en el menú.

Con esta tarjeta de presentación, tampoco los famosos se han resistido a la tentación. La discreción se impone, pero Rosa Montero nos desvela algunos nombres. El primero que se le viene a la cabeza es Julio Iglesias, que en sus visitas a Cambados no dejó de hacer parada en Rosita, aunque tuviera que esperar por mesa, como ocurrió en alguna ocasión. John Malkovich, Javier Bardem, José Coronado, Juanes y una parte de la saga de Operación Triunfo engordan la nómina de artistas.

El nobel Camilo José Cela también sació su hambre en la casa y Forges dibujó sobre sus manteles una de aquellas viñetas que luego publicaba en el periódico. Por supuesto, en el apartado de las celebridades tampoco faltan políticos. Charles De Gaulle conoció las exquisiteces de la ría de Arousa en Cambados y otros muchos seguirían su ejemplo, como Fraga y Rajoy.

Seguro que sus paredes han sido testigo de muchas historias que darían para escribir largo y tendido, pero ese artículo quizá nunca vea la luz.

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