Donde Julio Iglesias esperó por mesa

Bea Costa
bea costa REDACCIÓN / LA VOZ

CAMBADOS

MARTINA MISER

El salpicón de mariscos es el plato estrella y sus bodas son sonadas. Todo empezó hace 141 años con una humilde casa de comidas en el centro de Cambados. Casa Rosita va ya por la quinta generación

24 ene 2020 . Actualizado a las 07:58 h.

Casa Rosita asistió a los tiempos en los que unos callos y un cabrito asado hacían que una boda fuera de lujo. No hace tanto, cosa de medio siglo, que el marisco empezó a adueñarse de los menús, y este restaurante no solo supo adaptarse a las nuevas tendencias sino que fue uno de los precursores a la hora de convertir las vieiras, las nécoras y los camarones en marca de la casa.

El noventa por ciento de sus clientes no perdonan ese salpicón de mariscos que tantos paladares ha conquistado. Por 20 euros, y sin mancharse las manos, se puede disfrutar de todos los sabores del mar gracias a una receta de Gardenia, la nieta del fundador, que un día pensó que sería bueno comer centollo con tenedor.

El secreto del éxito está en la calidad de la materia prima y en la paciencia que requiere separar la vianda de la concha. Casa Rosita solo trabaja con producto fresco, comprado directamente en las lonjas de Cambados, O Grove, Pontevedra, Vigo, Marín..., y cuando el volumen del encargo obliga, recurre a proveedores. En este restaurante se mueven ingentes cantidades de comida y, pese a todo, «no tenemos congeladores, solo uno pequeño, para el pulpo y poco más», según explica Rosa Montero.