Don Manuel sigue en pie y vigilante

Bea Costa
bea Costa MEIS / LA VOZ

CAMBADOS

MARTINA MISER

Su estatua otea los viñedos de Meis desde la finca del artista que la esculpió, después de que el Concello de Cambados se la devolviera y a la espera de que alguien la pague

25 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

A Manuel Fraga lo doblegaron el pasado mes de abril desde su pedestal en el parque de Torrado (Cambados), pero no han conseguido tumbarlo. Su efigie sigue en pie, ahora, desde una finca situada en la parroquia de San Salvador de Meis, a quince kilómetros de distancia de la villa del Albariño, donde el autor de la estatua tiene su taller. Hace medio año que se la dejó allí el Concello de Cambados, y allí sigue, erguida y oteando los viñedos de O Salnés.

Mover una mole de bronce como esta, de unos 800 kilogramos de peso, requiere de una grúa, es decir, un gasto, que Lucas Míguez no está dispuesto a asumir. Bastante dinero ha gastado ya a cuenta del expresidente de la Xunta, porque de los más de veinte mil euros que invirtió en esta estatua -la fundición, el pedestal, el transporte y el trabajo- solo cobró el quince por ciento, según afirma el autor.

El trabajo fue un encargo de altos cargos del PP de la comarca a principios del 2012, al poco tiempo de morir Fraga y, cinco años después, sigue sin cobrarlo. Nadie se hizo cargo de las facturas entonces, cuando gobernaba el PP en Cambados, ni después, tras la llegada del cuatripartito (PSOE-BNG-Somos-Pode).

La decisión del Concello de Cambados de colocar esta estatua en Torrado estuvo rodeada de polémica desde el primer día. Los grupos de la izquierda, entonces en la oposición, recriminaron al PP que utilizase un espacio público para rendir homenaje a su presidente y preguntaron y repreguntaron cuánto costó la escultura y quién la pagaba. El entonces alcalde, Luis Aragunde, explicó que se financió con cargo a aportaciones de cosecheros y bodegueros a través de una cuenta bancaria abierta a tal fin, pero, el caso, es que Lucas Míguez sigue estando muy lejos de cobrar la totalidad del importe.

El artista realizara ya muchos trabajos para los concellos de Cambados, Vilanova y la Diputación de Pontevedra de modo que la palabra de los dirigentes del PP le resultó suficiente garantía como para ponerse manos a la obra. En febrero empezó a trabajar contrarreloj porque el Don Manuel de bronce, copa en mano y vestido con la capa del Gran Mestre del Capítulo Serenísimo do Albariño, debía estar listo para la Festa do Albariño de ese mismo año, a principios de agosto del 2012.

Lucas Míguez cumplió y la estatua se colocó en plazo en el parque de Torrado, un lugar con mucho significado, pues no solo acoge desde hace años el Xantar do Albariño; este espacio, que incluye parque y pazo, fue adquirido por la Xunta por deseo expreso de Don Manuel para engrosar el patrimonio municipal de Cambados.

Con estos antecedentes y apelando a su condición de albariñense -Fraga fue uno de los principales valedores de la Festa do Albariño-, el PP cambadés consideró que era el lugar idóneo para que el recuerdo del expresidente de la Xunta se perpetuara en el tiempo. Las críticas no se hicieron esperar. PSOE y BNG erigieron sus voces contra la estatua, y otros, los botes de espray.

La pieza fue objeto de actos vandálicos. Primero, le pintaron una letra ese en el pecho, cual Supermán. Después, le pusieron un antifaz verde a modo Batman, de modo que el gobierno popular decidió protegerlo retirándolo unos metros hacia el patio interior del parque, situándolo entre rejas y bajo llave.

El cuatripartito todavía tardaría dos años en cumplir su promesa de retirar la controvertida estatua del mapa cambadés -el independiente José Ramón Abal no estaba por la labor-, pero, finalmente, la mañana del 21 de abril del 2017, una grúa la levantó por los aires y se la llevó a la finca del escultor en San Salvador, previo consentimiento de su propietario.

¿Cuál es el futuro de tan vapuleada obra artística ? De entrada, en el PP le han pedido a su autor que no se deshaga de ella, según reconoce Míguez, y, a la espera de que alguien se la pague, la mantendrá donde se la dejó el Concello: en su finca, al lado de un hórreo, al pie de la carretera de Barrantes a Mosteiro, para asombro de los conductores.