El bar de marineros que no quiere ser otra cosa

Rosa Estévez
rosa estévez A ILLA / LA VOZ

A ILLA DE AROUSA

Martina Miser

En la de Fina Viñas (A Illa) el día arranca antes de que el sol encienda la mañana. El local, con 89 años de historia, abre sus puertas justo a tiempo para poner el primer café a quienes se van a trabajar al mar

06 nov 2020 . Actualizado a las 11:35 h.

En 1934 se proclamó la fugaz República Federal de A Illa de Arousa. Duró aquel estado independiente un suspiro, apenas un par de días que sirvieron para fraguar una de las mejores historias de la ría y, de paso, esa imagen que proyectan los auténticos carcamáns: rebeldes, resueltos, indómitos. Seguro que de la independencia y de las bombas que estallaron en aquellos extraños días se habló, y mucho, en la taberna Viñas. El local era nuevo: llevaba abierto apenas tres años, con las ventas mirando hacia el mar de O Campo. En la de Viñas debía reinar esa atmósfera de los locales de los viejos tiempos: mitad bar, mitad tienda, siempre punto de encuentro. Casi noventa años después, el negocio ha cambiado: no le ha quedado más remedio, porque el mundo ha dado muchas vueltas. Sin embargo, hay algo que permanece inmutable en este local de A Illa. «Isto é unha taberna de mariñeiros» dice, conciso, José Muelle. «É o que somos, e é o que queremos seguir sendo».

José habla como un isleño más. Pero él sabe que sigue siendo «de fóra». «É unha forma de falar moi de aquí. Pasará unha vida enteira e eu seguirei sendo de fóra», relata. Y no se lo toma a mal, porque las cosas, en A Illa, son así. Y así quieren seguir siendo. Él llegó a Arousa cuando los almanaques cabalgaban entre los años ochenta y los noventa del siglo pasado. «O primeiro que me chamou a atención cando cheguei, era que aquí parecía que todo ía máis despacio», relata. Solo un ligero deje, casi imperceptible, delata que su origen hay que buscarlo fuera de Galicia: en Avilés.

Su camino acabó llevándolo al bar que regenta desde 1999. «Eu entrei aquí como traballador», dice. Al frente del local estaba Fina Viñas, la hija del primer dueño. También estaba Dionisio, su hermano, que en un rincón del local tenía montada una peluquería. «A xente entraba polo bar e el dáballe un número. E mentres non lle tocaba cortar o cabelo, tomaba algo», recuerda.