Diego Murillo: «Mi patrimonio es mi familia»

El médico y empresario recuerda sus orígenes en A Illa de Arousa y una singular anécdota de cuando el Teucro fichó al primer extrajero que militó en la liga española de balonmano


Diego Murillo (Zalamea de la Serena, 1939) ha vivido intensamente y tiene una edad en la que ya se ha diluido la corrección política en favor de la autenticidad. Ginecólogo, político, empresario... en su consulta de Pontevedra, un museo de la maternidad, me (nos) obsequia con algunos pasajes bien simpáticos y otros más íntimos de su extraordinaria trayectoria.

-Nació al final de la Guerra.

-En 1939, mi padre, que era socialista, era el médico de Zalamea. Fue condenado a muerte, luego a cadena perpetua e indultado en 1945. Por eso vinimos a Galicia: a la cárcel de Santiago como médico preso. Luego pasó por las minas del Fontao, donde enviaban a los presos a palear sus penas.

-¿Tiene recuerdos de aquello?

-Algunos, sí. Luego fuimos a la Illa de Arousa donde estuvimos 27 años. La Illa de Arousa sin puente. No había ni coches, ni motos. Había zapatillas para andar.

-Cuando salió de la Illa, ya era médico.

-Casi, pero allí hice de todo. De practicante, ayudé a hacer partos a mi padre, jugué al fútbol en el Céltiga. Y jugué bien.

-¿De qué jugaba?

-De central, de central duro. Cuando llegamos, en la Illa no había ningún Diego y ahora hay por todos lados. Deje allí 13 ahijados.

-La Illa tiene algo especial, ¿eh?

-Yo me crie allí. Allí me formé. Yo soy isleño. Dejé grandes amigos. Lo que soy en la vida es por haberme formado allí. Vuelvo de vez en cuando. Allí mi padre tiene una calle y alguna noche voy, solo, y suelto un par de lágrimas. Alguna vez. Sin que me vea nadie.

-¿Por qué vino a Pontevedra?

-De casualidad. En una revista vi que había una plaza de ginecología en un sanatorio y aquí vine y me formé. En 1968 me establecí.

-Y se metió en política.

-Yo consideraba que le debía mucho a la sociedad así que, cuando me ofrecieron optar a ser concejal, acepté. Pero siempre pensando en que no iba a dejar la medicina. Me ofrecieron puestos de importancia, pero los rechacé si significaban abandonar mi carrera. Le puedo decir que Albor me ofreció la Consellería de Sanidade y dije que no. Llegué a ser presidente de CRTVG porque me dijeron: «Algo hay que darte».

-Es un puesto importante.

-Pero solo tenía que ir dos días a la semana. Nunca cerré la consulta. En aquellos tiempos hacía 650 partos al año.

-Pero mire, su padre era socialista, usted vivió cómo le represaliaron, pero su ideología es más bien de derechas.

-Mi padre era socialista pero mis tíos eran todos de derechas. Pero lo que me hizo tener una filosofía distinta es que todo lo que generaba mi padre era para los demás. Se lo daba todo a los pobres. Pero yo no quería ser así. Mi ilusión, con lo mal que lo había pasado, era tener un sanatorio y un Mercedes. Y a los 32 años yo tenía un sanatorio y un Mercedes.

-Seguramente eso a su padre no le impresionó.

-Pero a mi madre sí. A mi madre le encantó. Era una gran mujer. Desde que yo trabajé, a mis padres no les faltó nunca nada. La ilusión de mi padre era que yo me quedara en A Illa, pero yo tenía que salir, tenía que intentarlo.

-Usted también montó AMA, una gran aseguradora.

-Sí, empezamos en un piso de alquiler y mire donde hemos llegado.

-Es su gran patrimonio

-Mi patrimonio es mi familia.

-¿Es verdad que fue también presidente del Teucro?

-Sí. Cuando empecé no sabía cuántos jugadores tenía un equipo de balonmano. Y fiché al primer extranjero que vino a la liga española. Era un yugoslavo de dos metros que jugaba en Portugal. Le habían robado los papeles y no podía venir a España. Así que hablé con un constructor que conocía a un ministro y urdimos un plan. Le dije que tenía que atravesar corriendo el puente de Tui, que los guardias portugueses le iban a echar el alto pero que él siguiera corriendo, sin mirar atrás. Y así lo hizo. Yo lo escondí unos días hasta que tuvo papeles en España. Al año siguiente nos lo fichó el Calpisa.

-Su autobiografía se llama «Honestidad y lealtad». ¿Se autodefine así? Dígame dos palabras más.

-Soy honesto, leal, familiar y trabajador.

-¿Celta o Deportivo?

-Celta. Pero antes, Atlético de Madrid.

-¿Qué se le da mal?

-Miento muy mal. Se me nota enseguida.

-¿Se arrepiente de algo?

-No creo que nadie pueda decir que no se arrepiente de nada. En cualquier caso, me arrepiento más de lo que no he hecho.

-¿Tiene un lugar favorito?

-Este, mi despacho. Aquí tengo recuerdos de toda mi vida... de mi padre, del resto de mi familia

-¿Sabe cocinar?

-Nada. Ni idea.

-Dígame una canción.

-Cucurrucucú Paloma. Es la única que me sé.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-La familia, el trabajo, la salud.

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