Cien kilómetros de soledad

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Estela, con la medalla que le dieron por concluir la Andaina do Barbanza
Estela, con la medalla que le dieron por concluir la Andaina do Barbanza martina miser

La vilagarciana Estela Cotelo caminó durante 22 horas y media para completar la Andaina do Barbanza y encontrar, de esta manera, su particular Macondo

25 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

A Estela Cotelo le gusta caminar. Lo dice con una naturalidad que casi oculta la dimensión real de sus logros. Porque cuando habla de caminar no se refiere únicamente a pasear por el monte o recorrer senderos durante unas horas. Habla de completar caminos de Santiago, de atravesar montañas durante jornadas enteras y de enfrentarse a retos que superan los cien kilómetros a pie.

Su relación con esta pasión comenzó en 2009. Entonces atravesaba una pequeña crisis vital. Como muchas personas al llegar a la treintena, se preguntaba hacia dónde iba su vida y qué cambios necesitaba. La respuesta apareció en forma de mochila y botas. Decidió hacer el Camino de Santiago y aquella experiencia terminó transformándolo todo.

«Buscaba algo más allá», recuerda. Lo que encontró fue una afición que acabaría acompañándola durante años. Desde entonces ha completado catorce caminos distintos, recorriendo prácticamente todas las rutas históricas de entrada a Galicia. Lo que empezó como una búsqueda personal se convirtió en una manera de conocer territorios, personas y también a sí misma.

Cotelo se define como una peregrina «muy purista». Prefiere cargar con su mochila, alojarse en albergues públicos y vivir la experiencia completa del camino. Para ella, el atractivo no está en la vertiente religiosa, sino en el componente cultural, humano y deportivo. Caminar le permite descubrir lugares con una intensidad imposible desde cualquier otro medio de transporte.

Con el paso del tiempo, aquella afición evolucionó hacia retos cada vez más exigentes. A los caminos se sumaron rutas de montaña y pruebas de larga distancia. Y llegó el reto de enfrentarse el pasado fin de semana a la Andaina do Barbanzana con 104 kilómetros de recorrido y que completó en 22 horas y 30 minutos.

El desafío no consistía únicamente en avanzar. El recorrido incluía ascensos, descensos técnicos, caminos forestales y largas horas de oscuridad. La resistencia física era importante, pero la fortaleza mental resultó decisiva. «La cabeza puede fallar antes que el cuerpo», explica. Durante la prueba vio cómo otros participantes abandonaban víctimas de la ansiedad o el agotamiento emocional. Ella encontró apoyo en técnicas que practica habitualmente, como el yoga y la meditación. Respirar, mantener la concentración y avanzar paso a paso fueron algunas de sus herramientas para superar los momentos más difíciles.

La caída nocturna

La noche dejó también uno de los episodios más complicados. En un descenso sufrió una caída que le provocó heridas en una rodilla. Sin embargo, decidió continuar hasta el siguiente punto de asistencia. Allí recibió atención sanitaria básica y siguió adelante. A medida que avanzaban los kilómetros, el esfuerzo se transformó en una especie de trance. El cuerpo funcionaba por inercia mientras la mente buscaba pequeñas motivaciones para continuar. Incluso una canción, Sopa de Caracol, terminó convirtiéndose en compañera de viaje durante los últimos kilómetros.

La llegada a meta fue una explosión de emociones. No importaban los tiempos ni las clasificaciones. Lo importante era haber llegado. «Te sientes una Superwoman», resume entre risas. Recuerda el abrazo de una amiga, las ganas de llorar y la sensación de felicidad absoluta tras completar un reto que meses antes parecía imposible.

Ahora, con la experiencia todavía reciente, ya piensa en nuevos desafíos. Aunque asegura que necesita descansar, reconoce que la tentación de volver a enfrentarse a largas distancias sigue ahí.