El Concello tiene en marcha un protocolo de actuación y una red de recursos para gente en problemas
14 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La muerta de una persona sin hogar en las galerías Gallego de Vilagarcía ha vuelto a abrir el debate en la ciudad sobre la situación de quien se ve obligado por las circunstancias a buscar algún refugio para pernoctar al raso. Más allá de lo que sucede con aquellos que utilizan viviendas abandonadas o coches para descansar en la medida de lo posible, desde Ravella se asegura que únicamente una persona duerme de manera habitual en las calles vilagarcianas, en una situación que ha venido a menos en los últimos años. No significa esto que el problema con la vivienda haya desaparecido en la ciudad, todo lo contrario según se desprende de los últimos datos de Cáritas, pero los datos municipales refrendan que el sinhogarismo, al menos, no está creciendo en Vilagarcía.
El Concello de Vilagarcía ha formalizado un ambicioso protocolo de actuación y una red de recursos coordinada para atender a personas en situación de sinhogarismo, una iniciativa impulsada por la Concejalía de Servizos Sociais que busca proteger a los colectivos más vulnerables frente a las inclemencias meteorológicas y reducir el impacto de la meteorología en su salud en un momento en el que la demanda de ayuda social no deja de crecer. Esta estrategia municipal se entrelaza con la labor de entidades como Cáritas Interparroquial de Arousa, que, con sus nuevas instalaciones, ha conseguido dignificar la atención y ofrecer un refugio de humanidad a quienes atraviesan el umbral de su puerta en busca de auxilio. La coordinadora de la entidad, Mila Hermida, recalcaba hace unas semanas que «cualquiera que entre en esta instalación va a ser atendido», una promesa necesaria ante un balance que refleja una realidad social cada vez más cruda donde el drama de la vivienda se ha convertido en el eje central de las preocupaciones.
Este problema habitacional, que recientemente movilizó a miles de personas en las calles, se manifiesta en situaciones extremas detectadas por Cáritas, como el caso de una ciudadana rusa que llegó a pagar mil euros por el alquiler de una habitación compartida durante apenas dos meses o el hacinamiento de hasta quince personas bajo un mismo techo. La vulnerabilidad es especialmente aguda para las familias procedentes de Latinoamérica que, al entrar con visado de turista y carecer de documentación reglamentaria, encuentran barreras insalvables para acceder a un arrendamiento incluso cuando disponen de recursos económicos.
Ante esta crisis, donde los precios están disparados y las soluciones escasean, el protocolo municipal establece una red de apoyo que divide la atención entre Cruz Roja y Cáritas, contando con la supervisión de los Servicios Sociales para gestionar pases de alojamiento en hostales y centros. La presión asistencial es evidente en los datos: Cáritas está ofreciendo comida a una media de entre 45 y 50 personas diariamente —alcanzando las 60 los domingos—, lo que supone servir unos doscientos menús más al mes que en el ejercicio anterior. Además del alimento, el cambio de sede ha permitido potenciar servicios fundamentales como la lavandería, con 250 solicitudes atendidas; el servicio de higiene, con 252 peticiones; y el ropero, que gestionó 265 solicitudes para 149 personas. Incluso detalles que devuelven la dignidad, como el servicio de peluquería brindado por voluntarios, han beneficiado a 47 usuarios, según sus últimos datos.
Un engranaje perfectamente engrasado para intentar que nadie se quede en la estacada
El escenario futuro presenta desafíos críticos como la entrada en vigor de la política de residuo cero, que elimina las donaciones de productos de grandes superficies y obliga, por ejemplo, a Cáritas incrementar su presupuesto —que ya ronda el medio millón de euros, financiado en un 60 % por subvenciones públicas— para comprar directamente los alimentos. En este contexto, la generosidad de los vecinos de O Salnés a través de donaciones navideñas de colegios, empresas, asociaciones y particulares se vuelve vital para sostener una labor que también lucha contra la soledad de los mayores y la desprotección de menores en situación irregular.
Todo este engranaje, apoyado por la Policía Nacional y Local para identificaciones de urgencia fuera del horario habitual, se somete a evaluaciones semestrales para asegurar que nadie en Vilagarcía quede desamparado, instando a cualquier ciudadano que detecte un caso de necesidad a acudir a la plaza de Ravella o contactar con el teléfono 986 099 200.
Rechazar la mano tendida
A partir de ahí, y más allá de que la indiscutible intención de concello y onegés es que todo el mundo pueda tener un lugar digno donde descansar en algunos casos, entra en juego la voluntad también de las personas afectadas que, en más de un caso, optan por rechazar la mano tendida y deciden navegar su vida a su manera, les venga como les venga el complicado oleaje que suele aparecer en esas situaciones.