El club desde el que se hizo política

xacobe lamas VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Un tablero de ajedrez, una buena conversación y una amistad a prueba de política.
Un tablero de ajedrez, una buena conversación y una amistad a prueba de política. MONICA IRAGO

Julio Torrado, del PSdeG, y Juan Andrés Bayón, del PP, comparten pasión y amistad desde que el primero fue maestro del segundo en el Fontecarmoa

10 ene 2026 . Actualizado a las 21:51 h.

Que Juan Andrés Bayón (1997), uno de los rostros jóvenes más reconocibles de la política vilagarciana, sea hoy, además de concejal, miembro del Congreso de los Diputados se debe en cierta medida a Julio Torrado (1982). A ambos los une desde hace tiempo una amistad intergeneracional y una pasión: el ajedrez. El caso del ex parlamentario autonómico socialista es conocido: es uno de los jugadores más fuertes salidos de la capital de O Salnés, y fue desde el 2005 hasta hace poco entrenador y responsable de la formación del Club Xadrez Fontecarmoa, uno de los clubes más potentes de Galicia en el presente siglo, cuyo proyecto ha estado siempre basado en la cantera y en los jugadores de la comarca arousana. Lo que no todo el mundo sabe es que Bayón ha sido uno de los productos del buen hacer de Torrado. Ingresó en el club en el 2006 y formó parte de la generación dorada del ajedrez arousano, y junto a su maestro, del equipo que en el 2016 puso fin a 30 años de hegemonía viguesa en la Liga Gallega. Lo hizo a pesar de coincidir en club y año de nacimiento con el sanxenxino Julio Suárez, uno de los mejores ajedrecistas de España: «En el deporte, cuando hay un competidor tan dominante en categorías inferiores, suele quemar muy rápido al resto de su generación», explica Torrado, demostrando los conocimientos que una carrera como psicólogo deportivo y entrenador le han dado. «Pero es que Juan Andrés se crecía cuando sentía que trabajaba para el equipo».

El camino a la cima exige dar muchas vueltas. Antes del gran éxito del año 2016 —que sería reeditado en el 2019, relevo generacional en el club mediante— hubo también reveses. Tras uno de ellos, en un viaje en tren nocturno volviendo de un campeonato de España frustrante celebrado en Benidorm, mientras el resto del equipo dormía, Bayón y Torrado conversaron durante horas sobre política. Era el 2014, y un Torrado de 32 años respondía a las preguntas que su alumno, que ya no solo lo sería de ajedrez, le hacía sobre cómo funcionaban los partidos y las dinámicas del poder: «Desde pequeño tuve voluntad de hacer cosas que pudiesen cambiar la sociedad», apunta el popular.

Aunque en ese momento carecía de adscripción política, «ya se podía intuir donde acabaría», señala Torrado, quien le tendió la mano. En el 2016, llevó a su alumno, entonces ya vinculado al PP, a conocer la alcaldía, y un recién elegido Alberto Varela estrechó por primera vez la mano de quien hoy es uno de sus adversarios en la política local: «Alberto me ha dicho: «¡Oye me trajiste a un chaval aquí y ahora lo tengo en frente!»», bromean. Las conversaciones sobre las entrañas de la política continuaron y ambos han podido aconsejarse con frecuencia, sin que la distancia ideológica haya hecho mella: «Ayuda que Juan Andrés haya hecho política a nivel local y estatal y yo a nivel autonómico. Nunca nos hemos tenido que enfrentar, ni hemos debatido sobre posiciones políticas», explica Torrado. Más allá de amistad, denotan admiración mutua: «Julio ha sido uno de los mejores parlamentarios de los últimos años, preparado e incisivo. Podemos estar en desacuerdo, pero si él defiende una posición, asumo que es por un buen motivo», refiere Bayón sobra la etapa de Torrado como diputado autonómico, entre el 2016 y el 2024. «Juan Andrés tiene sentido común y buena visión, se puede debatir con él fácilmente y no tiene salidas de tono», señala el socialista, mientras realiza el movimiento que hace claudicar a su antiguo alumno, tras veinte minutos de partida amistosa. El juego finaliza con el clásico apretón de manos.

El primer título gallego del Xadrez Fontecarmoa

Bayón hace cinco años que no juega, Torrado dice estar «desenganchándose». Las prioridades cambian y mientras ellos se hicieron a un lado, nuevas generaciones de deportistas y directivas han tomado el relevo en el club sin que este apenas lo note, prueba de la consolidación del conjunto como un referente autonómico: «El club ha hecho por construir una política: crear escuela, invertir en formación y en material para seguir creciendo y apostar por jugadores de la casa», indica Torrado.

Tanta política que, en su momento, la posibilidad de acometer el primer fichaje en la historia de la institución suscitó un debate tal como si se tratase de romper con la disciplina de voto de un partido. Torrado relata como el año en que se alzaron con el primer título gallego del club, un Gran Maestro ajeno al equipo se ofreció a competir con ellos a cambio de un módico precio, y como su respuesta fue declinar y poner a los jóvenes por delante. «¡Y ganamos con Suárez como primer tablero!», exclama con una sonrisa llena de orgullo. Bayón y él recuerdan la resaca de aquel triunfo, una noche larga que celebraron todos y cada uno de los integrantes del club de ajedrez más numeroso de Galicia y que ayudó a consolidar un sentimiento de pertenencia y comunidad, que es lo que hace destacar a la institución: «Los demás tienen un problema, que no son del Fontecarmoa», les decía. «No era verdad, pero nosotros nos lo creíamos», apunta Torrado, mientras Bayón asiente: «Gracias a eso y a tener un entrenador como Julio siempre competimos por encima del nivel que se nos presuponía». El popular rememora con cariño esos años, en los que también fue entrenador a petición de su propio maestro y ayudó a formar a algunos de los talentos que hoy son insignia del equipo —«disfrutaba más enseñando a los chavales que jugando», reconoce— y con su habitual sobriedad alaba el trabajo que los dirigentes del club —Roberto Vidal y Ángel Vilas— hicieron para llevar a lo más alto un equipo cuyos orígenes se remontan a los años 80, como iniciativa estudiantil mediante la que alejar a la juventud de las drogas.Ahora, ambos pueden dedicarse a la política y a sus familias con la satisfacción de haber hecho su trabajo. De vez en cuando aún se reúnen, ya no juegan, pero sí hablan y se aconsejan. Siguen sus carreras. La amistad que forjó el ajedrez difícilmente la romperá algo tan trivial como la política.