La pastelería que cumple todos tus caprichos

G. B. BANDÍN, S. G. VALGA / LA VOZ

AROUSA

MARTINA MISER

Sandra González Raffo emigró de Buenos Aires a Valga con su familia y dirige desde hace 23 años un obrador y una cafetería que transportan los sabores argentinos a Galicia sin escalas

29 ago 2025 . Actualizado a las 22:12 h.

Para Sandra González Raffo la vida no está falta de notas dulces y saladas. Nacida en el barrio argentino de Lanús (Buenos Aires), a los 13 años ya incursionaba en el mundo de la panificadora. Entre hornos y mostradores conoció a Marcelo Solla un panadero que luego se convertiría en su esposo y compañero de aventuras. Así pues, la profesión ya comenzaba a rendir frutos, no solo le daba los medios para desarrollarse sino que también le brindó el amor de su vida. Pero no todo es color de rosa, balanceando las vicisitudes de un país donde la inseguridad azotaba con fuerza, la pareja decidió «hacer borrón y cuenta nueva». El calendario marcaba el 2001 cuando Sandra, su marido y sus dos hijos pequeños cruzaron el charco con sus recetas bajo el brazo.

Con la ayuda de los familiares de Marcelo, desembarcaron en el municipio de Valga donde, en palabras de González Raffo, «nos recibieron con los brazos abiertos». Dejaban atrás la quinta provincia para asentarse en esa Galicia verde y de paisajes frondosos de la cual confiesa que se enamoró. Se convertía en una apuesta a la inversa de la que habían efectuado los gallegos hacia el nuevo mundo, pero el vínculo que sentían con estas tierras fue mucho más fuerte. «Como mis suegros eran de Valga, mi marido viajó un año antes y vio que estaba la posibilidad de montar una pastelería porque no había nada de lo nuestro en la zona y tomamos la decisión».

Aunque este nuevo capítulo era esperanzador, ese primer año fue duro. Con un hijo de siete años y otro de tan solo uno, la presión que sentían era incalculable. «Mi esposo consiguió un trabajo, pero yo no, no me cogían en ningún lado. Fue difícil porque también nos alejamos de todo, de padres, amigos, pero como el recibimiento fue bueno, no me fue difícil continuar». Con paciencia lograrían escribir sus primeras líneas cuando, recuerda, «alquilamos un local vacío que antiguamente era una panadería». Allí nació Pastelería Caprichos que tras una remodelación lograron ampliar a una cafetería. Y ese nombre prometía, ni uno ni dos, cuando la gente sale se quiere dar muchos caprichos «nunca mejor dicho, cuando alguien quiere buscar algo rico viene a Caprichos».

Pero ante nuevos comensales, nuevos paladares, y por tanto tuvieron que adaptar su carta. «Al principio era más pastelería de acá que de allá pero poquito a poquito fuimos incorporando nuestras recetas desde alfajores, sándwiches de miga a la famosa rosca vienesa». Los sabores fueron migrando e introdujeron las delicias argentinas a los paladares gallegos. «La cafetería fue la forma de que la gente comenzara a probar nuestra pastelería». Todo lo que ofrecen es degustado como recién salido del horno, al ubicar su obrador en las mismas instalaciones. La comunidad acompañó su camino y por su apoyo llegó una expansión: ampliaron su presencia a una sucursal en Caldas de Reis, donde «se realiza la cocción pero la elaboración se reserva exclusivamente para Valga, ya que allí tenemos las máquinas».

Caprichos es un negocio que, a pesar de las circunstancias, en la pandemia dijo presente. Con los recaudos necesarios y con un servicio mínimo, continuaron abiertos, acto que, según González Raffo, «influyó mucho para darnos a conocer, para que la gente valore nuestro sacrificio por mantener el negocio, que es lo único que tenemos y hay que cuidarlo como oro». Después de 23 años de trayectoria la vida le dio la razón y encontró ese futuro mejor que tanto ansiaba. Hoy, con el diario del lunes, la emprendedora afirma: «Fue muy buena la experiencia y si tuviéramos que empezar de nuevo, volveríamos a repetir porque desde ese entonces yo no me quise ir de Valga».

En términos de fórmulas de éxito, dice no poseer la clave, pero sí se aventura a mencionar «tener buena calidad en tu producto, tener buena materia prima pero, ante todo, es la atención al cliente: nunca perder los buenos días, buenas tardes, ser amable y estar ahí al pie del cañón». Ahora bien, cuando se trata de la compleja tarea de emigrar y emprender, González Raffo sentencia: «Si te vas de tu país por un futuro mejor, yo animo a que vengan porque funciona. Obviamente tenemos altos y bajos, aquí y en cualquier parte del mundo, el sacrificio lo tienes que pasar, pero se tienen que animar».

Para un emigrado, no hay nada como los sabores de «casa» y para la comunidad argentina en Galicia, Caprichos es un recuerdo y una conexión culinaria que recuerdan a infancia. «Ahora hay tantos gallegos en Argentina como argentinos en Galicia y cada tanto viene alguien que me dice: te traje un compatriota tuyo». La Pastelería Caprichos es un ejemplo de que los sueños se cumplen. Y detrás de sus puertas hay una familia dedicada a sus clientes. Un pedazo de Argentina en el corazón de Valga que tiene mucho futuro. Ajeno a la crisis del recambio generacional, sus hijos —Nicolás y Tomás— ya dan los pasos en el negocio familiar. Hay Caprichos para rato.