La larga espera del ocio nocturno hasta que desaparezca el toque de queda

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

Muchos establecimientos están cerrados, otros estiran lo que les pueden dar esas cañas del mediodía; todos coinciden en señalar el verano como punto de esperanza

13 mar 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Un año ya con los locales cerrados. Cierto es que hubo el impás del verano, que algunos reconocen que no fue malo, pero que apenas valió, en realidad, para llenar un poquito la hucha ante lo que pudiera llegar. Y lo que llegó, en octubre, fue el cierre. Muchos no han vuelto a abrir sus puertas desde entonces y no saben cuándo podrán volver a hacerlo; otros, los menos, estiran lo que les dejan las cañas del mediodía con las limitaciones de aforo y de horarios. Todos están pendientes de que los horarios puedan incrementarse más para ver la salida del túnel. Es el sector del ocio nocturno. Desde el principio tuvieron claro que iban a ser los primeros en cerrar y los últimos en abrir. Acertaron de pleno en su previsión.

David Jiménez es el responsable del Sold Out, uno de los grandes clásicos de la noche vilagarciana. Dice que en su momento pudo aguantar con los vermús y los fines de semana, pero ahora ha decidido apostar por su otro negocio, El trastero. Un establecimiento de comidas en el que, subraya, tiene que planificar las compras echando un vistazo a las predicciones meteorológicas. «Decidí que solo iba a a apostar por uno. Con estos horarios no es posible tener el Sold Out abierto», dice. Él tiene suerte, porque cuenta con un local pequeño que no genera muchos gastos y un casero comprensivo que le está perdonando buena parte del alquiler. Aún así, el destrozo es enorme. Tanto por lo que ha dejado de ingresar como por las pérdidas en material y en la maquinaria que se estropea al no utilizarla.

También ha tenido suerte con su casero, que también se porta, Gustavo Rey en la sala Krazy Kray de Cambados. En un establecimiento que estaba volcado en la programación en directo, y con licencia de café-concierto por tanto, el presente es todavía más negro. De hecho, admite Gustavo que cuando reabra enfocará el establecimiento hacia convertirlo en una cervecería. Tiene la vista puesta en el verano y una esperanza: dice que la Xunta ha sacado recientemente unas ayudas para las salas que programan conciertos condicionadas a que se realicen antes del 31 de octubre. Augura un verano algo loco, con actuaciones por todos lados. En realidad, lo desea. «Non sei cando poderei pechar outra vez algún día ás cinco da mañá», bromea.

En O Grove, El Patio es otro de los imprescindibles del ocio nocturno... y otro que tampoco ha podido reabrir sus puertas. Al frente del local están Nacho Escalante y Belén Alfonso. Nacho saca pecho para alabar a sus compañeros hosteleros, los que han podido abrir, y resaltar el extraordinario comportamiento que están teniendo. Su negocio sigue cerrado y él lo explica por las limitaciones horarias. «Es un local muy grande, para el que necesito mucho personal. Ahora mismo no es viable», explica. Confía en que el proceso de vacunación vaya bien y en que no se cometan errores durante la Semana Santa que provoquen pasos atrás. «Hay que salvar el verano, que es nuestra principal fuente de ingresos», afirma.

Uno de los abiertos

Edu Lastra sí tiene abierto el pub Gotham, otro clásico para los noctámbulos vilagarcianos, en este extraño horario en el que tiene que cerrar sus puertas a la hora a la que antes las abría. «Los fines de semana aún se hace algo de caja, pero durante la semana la cosa va fatal», dice. Él también ha tenido suerte con el casero, «que se porta bien», incide, pero el presente es oscuro y el futuro todo un interrogante. Durante el verano, pese a todas las dificultades, pudo trabajar más o menos bien y recuerda, bromeando, el mal humor del sector cuando se fueron recortando las horas de cierre comparado con la situación que están pasando. «Creo que el estado de alarma acaba en mayo. No sé si a partir de ahí podrán poner otro toque de queda. Firmaba con que me dejaran abrir otra vez de noche, aunque solo fuera hasta la una de la mañana», afirma.