Reinventarse, el verbo inagotable

Ocio, cultura, servicios... La pandemia obliga a todos los sectores a adaptarse en tiempo récord a las circunstancias dictadas a golpe de BOE o de DOG

Hoy, la hostelería de Vilagarcía, Vilanova, Cambados y O Grove no levantará la verja. Durante un mes, si el DOG no lo remedia antes, estarán cerrados. Pero no a cal y canto, ya que en muchos de esos locales intentarán mantener el negocio en movimiento aunque sea a fuerza de vender a domicilio, o de entregar encargos en la puerta. La hostelería está haciendo, de nuevo, lo que ya ha tenido que hacer en otros momentos: reinventarse. Pero el dichoso verbo, tantas veces empleado desde que se inició la pandemia, está teniendo que ser conjugado por empresarios y autónomos de todos los sectores.

«Reinventarse es agotador, pero es lo que toca» Bien lo sabe Lorena Oubiña, la responsable de la Ludo de Lore. Ella tenía un negocio orientado a la organización de eventos. «Y los eventos, con esto de la pandemia, se pararon». Durante el verano, adaptaron su oferta a la demanda y comenzaron a diseñar comuniones, bautizos y demás fiestas en formato reducido. Pero llegaron más recortes: ya no se podían reunir más de cinco personas no convivientes. Así que en la Ludo de Lore volvieron a reinventarse con cumpleaños burbuja en los que los niños seguían disfrutando de su día con un puñado de amigos. «Funcionaba muy poquito, porque la gente tiene miedo y muchas familias ya no querían mandar a sus niños a las fiestas». Lejos de rendirse, la cabeza de Lorena siguió dando vueltas hasta que encontró otra opción: llevemos las fiestas a casa. «Estamos haciendo pequeñas celebraciones a domicilio». Así que si hay un cumpleaños, lo mismo llaman al timbre con unos globos y una tarta decorada para la ocasión, que montan en secreto una fiesta de pijamas, con cabañas y todo, para los niños de la casa, u organizan un delicioso desayuno con entrega en la puerta. «Está funcionando muy bien, la verdad. Tanto para niños como para gente mayor. Al fin y al cabo, con todas las limitaciones de movilidad, hay quien recurre a nosotros para entregar un regalo especial a un ser querido». Aunque Lorena es animosa, reconoce que «esto de reinventarse todo el tiempo es agotador; pero es lo que toca ahora», señala.

A Franco Quintáns la pandemia lo empujó a crear una colección para hombre El que no parece cansarse de darle vueltas y más vueltas a su vida es el diseñador carrilexo Franco Quintáns. La pandemia anuló por completo los espectáculos de la compañía Pablo Méndez, donde él se encargaba de diseñar los fabulosos trajes de los fabulosos montajes. «Durante el confinamiento empecé a pensar en hacer una línea de ropa para hombre. Era algo que llevaba tiempo con ganas de hacer, y con mis otras líneas de trabajo paradas -tanto la compañía como la moda nupcial- me lancé». Se puso manos a la obra y su colección de punto ya está en el mercado. «A la gente le está gustando la propuesta», dice Franco Quintáns, que ha lanzado sus diseños a través de su página web y un blog. «Para mí es un reto. Me obliga a estudiar, a investigar, y eso siempre es enriquecedor», dice. El problema, claro, es la inversión que comporta poner en marcha una nueva línea de negocio. «Pero ideas a mí me sobran». Y energía para llevarlas a cabo, parece que también.

Jenni Conde va con su peluquería a cuestas, y funciona Tampoco le faltan ganas a Jenni Conde, una peluquera que no ha dudado en meter sus bártulos en un maletín e ir a prestar sus servicios allí donde la llaman. Le ha sorprendido la buena acogida que ha tenido su peluquería a domicilio. «Contaba con tener gente mayor, pero también estoy teniendo gente joven», dice una mujer que esta semana le ha cortado el cabello a un matrimonio que llevaba meses sin un buen retoque. «Fueron a la peluquería después del confinamiento, pero dicen que lo pasaron muy mal. Yo sé que en las peluquerías se hacen las cosas bien, pero el miedo...».

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