A Illa estima que quienes roban marisco durante los días de playa ponen en jaque hasta un 3% de la producción de los bancos de trabajo a pie

VILAGARCÍA / LA VOZ
06 sep 2020 . Actualizado a las 13:43 h.

Se acaba el verano y las mariscadoras de A Illa no pueden evitar sentir cierto alivio. Durante la campaña estival, aprovechando que las playas se llenan de bañistas sin malas intenciones, algunos ejemplares de esa especie bautizada como «furtivos de bañador» se cuelan e intentan aprovechar los baños de sol y mar para cobrarse, de paso, algunas piezas de marisco gratis. Este año, en A Illa se están tramitando más de una treintena de expedientes contra este tipo de mariscadores ilegales, que se han convertido en un auténtico tormento para las mariscadoras de a pie. Estas se han visto obligadas a organizar turnos de vigilancia en la playa para intentar mantener bajo control una forma de furtivismo que tiene un gran impacto en su economía. Y es que, según explica Juan Rial Millán, el patrón mayor, según las estimaciones realizadas por los técnicos de la cofradía, este tipo de actividad ilegal pone en jaque alrededor del 3 % de la producción de los bancos marisqueros de la agrupación de a pie.

MONICA IRAGO

Los furtivos de bañador son un auténtico quebradero de cabeza en A Illa, pero la mayoría de las cofradías de la zona sur de la ría conocen y sufren las mañas de esos turistas con manos largas. Conocer el impacto de sus operaciones resulta imposible, como imposible es, también, calcular el daño que el furtivismo, en cualquiera de sus formas, ocasiona al sector del mar. Así lo aseguran los responsables de las cofradías de la orilla sur de la ría, que reconocen que esta es una zona en la que la incidencia del furtivismo se mantiene, relativamente, bajo control. «Problemas sempre hai, pero non son comparables, por exemplo, aos da zona norte da ría; alí a cousa está moito peor», dice María José Vales, la patrona de Vilanova. «Nesta zona a situación está máis ou menos controlada, pero segue a haber quen se confunde: o mar é de todos, pero o que se saca do mar ten dono, porque hai quen sementa o marisco, quen o coida», apunta desde Cambados el patrón mayor, Ruperto Costa. Su homólogo grovense, Antonio Otero, refrenda esa opinión. «O marisqueo é moito máis que sacar ameixa. Hai moitos traballos que facer, isto non é monte baldío», señala. Y es también el meco, quien concluye que es imposible echar cuentas sobre el impacto de todo tipo de furtivismo en la cuenta de resultados de las cofradías. «Sabemos o que collemos. E o resto?».

 Los bancos marisqueros y las piedras del percebe son los dos puntos negros del furtivismo en las concesiones de la cofradía de O Grove. Así lo señala el patrón mayor, Antonio Otero, quien apunta que la cofradía «ten controlado a un grupo de persoas que andan a estas cousas». Su forma de operar, dice, también es sobradamente conocida por los vigilantes del pósito -en O Grove hay siete guardapescas-. «Son xente que traballa por encargo. Se lle piden ameixas van á praia, se lle piden percebes van ás pedras», indica Otero.

La realidad de O Grove es muy semejante a la del resto de cofradías del sur de la ría de Arousa, que suelen tener su lista de sospechosos habituales en esto de retirar marisco de forma ilegal, y muchas veces «bajo pedido». «É xente que ten unha organización. Hai os que están arriba, vixiando aos que os vixían, hai os que apañan o marisco á carta e os que se encargan da distribución», explica María José Vales. Y es que el furtivismo de hoy en día, incluso el de baja intensidad, «non ten nada que ver co dos anos oitenta».

También la Federación Provincial de Confrarías es consciente de un problema que «atenta contra a sustenibilidade dos recursos, sendo unha actividade fraudulenta que vai en prexuízo dos profesionais do mar que venden o seu produto en lonxa e que contribúen coas súas obrigas tributarias, e incluso pon en perigo a saúde daquelas persoas que consumen produtos que non pasan polas canles legais».

Los trabajos del marisqueo

  1. La siembra. Los mariscadores aportan semilla a sus bancos; para muestra la regeneración realizada en A Illa con un millón de unidades de japónica.
  2. Los cuidados. Los trabajos del marisqueo incluyen la lucha, a veces a brazo partido, contra las algas que invaden los bancos marisqueros.
  3. Las vigilancias. Para cuidar su producto, las mariscadoras organizan turnos de vigilancia, especialmente durante el verano. 
  4. La recompensa. La captura del marisco es la parte que todo el mundo conoce del trabajo; pero no es más que el capítulo final de una cosecha.