Sin gel hidroalcohólico en los cajeros automáticos

Ningún expendedor bancario de Vilagarcía dispone de esta precaución básica


vilagarcía / La voz

No habrá muchos lugares capaces de hacer comparecer religiosamente a la ciudadanía con tanta frecuencia como lo consiguen los cajeros automáticos. Su forma de operar, a través de un teclado o directamente sobre la pantalla, se basa en un sistema para el que resulta imprescindible tocar. Tocar una y otra vez, aun en aquellos dispositivos que se activan simplemente con acercar la tarjeta. Convendremos, entonces, en que se trata de espacios de elevado riesgo en situaciones que, como la que ha desatado la pandemia del coronavirus, exigen reducir al máximo el contacto compartido. Sorprende, por ello, que ni uno solo de los cajeros que funcionan en Vilagarcía disponga de un sencillo expendedor de gel hidroalcohólico, esa precaución básica que la emergencia sanitaria ha popularizado.

Tras la dura reorganización a la que el sector se ha visto abocado desde la última crisis, en la ciudad operan en estos momentos cinco entidades bancarias, algunas de ellas con varias sucursales en diferentes puntos del municipio. Quien más, quien menos, se ha puesto a la tarea de difundir el respeto a las medidas de protección frente al contagio por el virulento covid-19. Los bancos no se han quedado atrás, y trufan sus paredes y ventanales de carteles que recuerdan la necesidad de portar mascarilla o guardar la consabida distancia de seguridad, además de mensajes en clave de crear comunidad como fórmula con la que levantar la paletilla del más bien alicaído administrado, cuyo ánimo, paradójicamente, contribuyen a empeorar las gravosas comisiones que le sacuden últimamente.

Los geles, en fin, están presentes en el interior de las oficinas bancarias, aunque no en esa suerte de recibidores desde los que funcionan los cajeros automáticos. Tampoco en aquellos que se abren directamente en las fachadas de las sucursales, aunque se diría lógico que también ellos dispusiesen de tan humilde instrumento para la desinfección de tantas manos como se posan cada día sobre sus teclados. No parece probable que ninguna cuenta de resultados vaya a zozobrar por el gasto de un puñado de euros en dispensadores hidroalcohólicos.

Cada cajero tiene capacidad para albergar unos dos mil billetes. Da que pensar por cuántos dedos habrán pasado.

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