The Walking Dead paseando por Vilagarcía

Vagan por las calles sin motivo ni ruta, a la espera del amanecer


Quienes los han visto, no olvidan la escena. Vagan por las calles de la ciudad, arrastrando los zapatos sin un motivo claro y sin una ruta definida. Simplemente, vagan a la espera del amanecer, que siempre fue un buen motivo para hacer una espera. Suelen ir en grupo, o grupito, pero también pueden hacerlo de manera individual o en pareja. Estos últimos dan menos miedo. Ya han cubierto su cupo de alegrías nocturnas y, básicamente, van de retirada hacia lugares menos concurridos. Los que vagan en grupos son más ruidosos y, por eso, han despertado más la atención en los últimos días. Mala idea cuando estás en una misión como la que ellos tienen. Es cierto que su fiebre no es una recién llegada. Hace ya años que muchos otros la sufrían. También vagaban por las calles cuando nadie más lo hacía. Pero aquellos eran más listos. Lo hacían sin dejar huellas. Y sin hacer ruido. Así era más fácil llegar a la tierra prometida y encontrar el maná. Y ahí daba igual que fuera lunes o sábado. Siempre había un pozo en el que abrevar y acabar con esa sed que distorsiona la realidad.

Ahora, no. Ahora vagan sin rumbo, y sin que nadie les diga ven para dejarlo todo. La procesión arranca hacia las tres y media de la madrugada. A esa hora The Walking Dead toman las calles de la ciudad. Se cruzan las miradas cuando un grupo se encuentra con otro. «Allí no vayáis, que tampoco». Y vuelta a empezar. Si creyéramos en las ánimas diríamos que son la versión moderna de la Santa Compaña en busca de almas perdidas que pervertir. Como últimamente creemos más en los virus diremos que son la parte noctámbula de la nueva normalidad. Y, ahí, también les hemos fastidiado.

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