Felipe Suárez: «¿Acaso alguien cree que el pazo de Baión se recuperó porque unas señoras agitaron su verja?»

La que fue voz de la ría jura y perjura que nadie más que su gente paró los pies a aquellos narcos que lo compraban todo


SANXENXO / LA VOZ

Su tono tranquilo puede llevar a engaño. Fue su causa y eso nunca se olvida. Nunca. Su legado dentro y fuera de la redacción de Radio Arosa, que fundó en su ciudad natal y dirigió hasta su jubilación. Felipe Suárez (Vilagarcía, 1952) no necesita presentación, fue la voz de la ría. Su discurso tampoco. Tajante, que no visceral, y documentado. De ahí que guarde cada informe oficial de aquellos años en la trinchera del periodismo. De ahí que la operación Nécora implique el big bang de su carrera. Dio pie, ya fuera de la redacción de Radio Arosa, a su libro y a cavar una trinchera social con centenares de vecinos implicados por igual a ambos lados de Sálvora. Pero la historia, dice, se ha desvirtuado en favor de la leyenda. De ahí su contención dialéctica coincidiendo con el 30 cumpleaños de la Nécora.

«Cualquier persona en España que vea algunos programas de televisión, como la serie Fariña, en donde se dice basada en hechos reales, pues yo digo que un 10, un 15, un 20 % siendo muy benévolo es real. Al final, casi, casi los malos son los buenos y los feos los guapos». A estas alturas del encuentro, en Sanxenxo, Suárez ya cogiera carrerilla: «La realidad, única, es que en O Salnés y Barbanza se plantó cara de forma denodada por parte de mujeres y hombres a estos individuos, a estos criminales, a estos bárbaros. Se les llevó a prisión colaborando con las fuerzas y cuerpos de seguridad, con la Fiscalía y los jueces. Se les arrebataron los bienes, las mansiones, y media vida estuvieron, y algunos aún están, en prisión».

El magistrado Carlos Bueren, Felipe Suárez y el entonces teniente fiscal Javier Zaragoza durante un receso del primer Congreso Nacional sobre Legislación Antinacrotráfico, celebrado en Bamio en 1994.
El magistrado Carlos Bueren, Felipe Suárez y el entonces teniente fiscal Javier Zaragoza durante un receso del primer Congreso Nacional sobre Legislación Antinacrotráfico, celebrado en Bamio en 1994.

Suárez pone en valor a todos esos vecinos de concellos pequeños, y defiende, con su vida si fuera necesario, que «no tuvo que venir nadie desde Vigo, a más de 50 kilómetros, como dan a entender esas series y programas de televisión. Las artífices verdaderas son aquellas madres a las que le murieron dos o tres hijos, con hogares destrozados, arruinados porque sus hijos les robaban joyas y dinero. Pero esas madres no salían en televisión, como Carmen Avendaño, que tiene su mérito, no se puede negar. Pero Carmen tuvo unos privilegios, ganaba su dinero como presidenta de Érguete. Otro hecho es que no soportaba a los narcos al no tener que cruzárselos en la calle día a día. Ella estaba en Vigo».

Pocos mejor que él para saberlo. Compartió edificio durante muchos años con el «capo de capos» Pablo Vioque. «Ya en 1983 me presentó una querella por denunciar lo que hacían en Carril con parques de cultivo. Yo vivía en el quinto piso y él en el tercero, en un piso propiedad de Sito Miñanco. Imagine si me tenían controlado». Pero Vioque no fue el único gran rival a batir. La metástasis de la corrupción campaba por los cuarteles de Cambados (no Boiro, como se dijo inicialmente) y O Grove, «incluso en la comisaría de Vilagarcía, y hablo de narcotráfico, no de tabaco. La mayoría eran honrados, pero había manzanas podridas. La realidad es que la comisaría apenas informaba a Madrid, se envió una nota informativa y nada más. Había quienes jugaban a las cartas con los malos».

De fuera

Suárez entrega medallas por igual al entonces gobernador civil, Jorge Parada, y al póker de policías que llegaron de primeros a las Rías Baixas, procedentes de la Brigada Central de Estupefacientes, para investigar. «Ellos vinieron a investigar y filtrar qué información de la facilitada por Portabales y Padín era consistente, y, a mayores, para aumentar. Incluso yo ya iba a Madrid a llevar información y, claro, traía. Se puede decir que colaboré... Pero insisto, el problema no lo solucionó nadie de fuera, fue la gente de Arousa en su totalidad. Hay que dejarlo muy claro para interpretar correctamente la historia». Luego llegó, organizada por la Federación de Apas de O Salnés, la icónica manifestación del los paraguas (1993), germen de la Plataforma Galega contra o Narcotráfico. A su vez embrión de una fecha clave, también arousana aunque con eminencias judiciales invitadas para la iniciativa: primer Congreso Nacional sobre Legislación Antinacrotráfico (1994), en Bamio.

En diciembre de 1999, los grupos políticos, se comprometieron a aprobar la inversión de la carga de la prueba que no se materializó hasta el 2007 por el cambio del Gobierno de Felipe González a José María Aznar.
En diciembre de 1999, los grupos políticos, se comprometieron a aprobar la inversión de la carga de la prueba que no se materializó hasta el 2007 por el cambio del Gobierno de Felipe González a José María Aznar.

Felipe alumbra con luces de neón aquella cita por el hito procesal que supuso apostar por la inversión de la carga de la prueba: «Quitarle todo aquello que enseñaban de esa forma obscena fue fundamental, pero costó. Nos reuniamos en Madrid y Vilagarcía con la comisión mixta congreso-senado para el estudio de las drogas. Había que ir, venir, trabajar, atender a la familia... [silencio] Por eso, ahora, yo me hago una pregunta: ¿Acaso alguien cree que el pazo de Baión se recuperó porque unas señoras agitaron su verja? ¿Alguien realmente puede pensar eso?». De ahí que le cueste digerir, aún, lo vivido en el 2008 cuando la Xunta de Touriño (PSOE) otorgó a Carmen Avendaño, militante del mismo partido, la foto de la recuperación de Baión en exclusiva: «Es foto se la robaron a todos los vecinos de Arousa».

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