Los cuernos de rinoceronte y las barras de los bares

AROUSA

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Últimamente, las escenas de bar de las películas americanas le dan más protagonismo a las bares con otro tipo de barras, mucho más burdas y menos interesantes

04 jun 2020 . Actualizado a las 11:00 h.

Salvador Dalí llegó a la conclusión de que en el cuerno de rinoceronte estaba la clave de todo, que era apolíneo. «Durante toda mi vida no he pintado nada que no sea un cuerno de rinoceronte», llegó a decir. Son obsesiones. Un compañero sostenía que la medida perfecta de cualquier cosa era el alrededor de medio metro de cualquier barra de bar que se precie. Debe tener un tamaño suficiente para poder apoyar el codo sin mayores problemas y para que el camarero pueda escuchar sin dificultades las confidencias del cliente de turno mientras seca el vaso con mucha parsimonia y cara de interés. Cualquier película para guardar un mínimo de calidad debe tener un buen barman que seque los vasos con parsimonia mientras escucha las confidencias del cliente de turno. Últimamente, las escenas de bar de las películas americanas le dan más protagonismo a las bares con otro tipo de barras, mucho más burdas y menos interesantes. Probablemente, la mezcla perfecta sería una barra con el cuerno de rinoceronte como forma y medida. A estas alturas, también es verdad que nos valdría cualquier cosa.

Hay una situación especialmente cruel, de la que poco se habla. Hemos sacado a los niños a los calles, los hemos llevado a los parques y les hemos puesto los columpios delante de las narices, pero sin que puedan ya no usarlos, sino ni siquiera tocarlos. Un paso más en el particular suplicio que están pasando durante la pandemia. Les hemos hecho de todo: de un día para otro los encerramos en casa, les quitamos el colegio, a los amigos y hasta a los primos. Luego los dejamos salir, pero sin poder jugar con sus columpios, con sus amigos o con sus primos. Y los pibes siguen sonriendo. No sé cuál será su venganza, pero puede ser terrible, porque se plantea la amenaza de que cuando vuelva el colegio les quitemos también los recreos.

Los mayores tenemos también un caramelo delante de nuestras caras del que no podemos disfrutar. Nos han abierto los bares, pero todavía no las barras, que es seguramente la zona más interesante que puede tener cualquier bar. Pronto podremos sentarnos otra vez en esos taburetes y ver al camarero escuchar las confidencias del cliente de turno mientras seca el vaso con mucha parsimonia y cara de interés. Si la barra tuviera la forma de un cuerno de rinoceronte, el reencuentro sería inolvidable.