Un cuarteto de palistas arousanos presentan sus candidaturas para intentar elevar la presencia del piragüismo español en Tokio
23 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.A finales del 2019 la Real Federación Española de Piragüismo (RFEP) publicaba los criterios de selección que seguirá para registrar los nombres de los cuatro kayakistas masculinos que la representarán en el K1 200 y 1.000 y el K4 500 de los Juegos Olímpicos de Tokio este verano. Una lucha cerrada entre seis aspirantes, tras la conquista de sendas plazas para la cita asiática en el Mundial del año pasado. Con casi dos meses consumidos del 2020, a falta solo de medio año para el encendido del pebetero bajo la bandera universal de los cinco aros, la RFEP hacía públicos a comienzos de esta semana los criterios para la elección tanto de los ya clasificados para Tokio K2 1.000 masculino y K1 200 femenino, como de los otros seis barcos que intentará clasificar en los preolímpicos europeo y mundial de primavera. Y cuatro arousanos aspiran a estar entre quienes lo intenten.
Del 13 al 17 de abril se celebrará el selectivo de kayak. A él acudirán Natalia García, del Breogán do Grove, y Camila Aldana Morison, del Náutico Pontecesures. Las dos pelearán por una plaza en el K1 o el K2 500, si bien deberán presentarse también, nos explican, al K1 200, en el que se medirán a la canguesa y vecina de O Grove Teresa Portela, tras decidir la Federación someterla a un examen final aún después de haber conquistado la plaza en Tokio para España con un bronce en el último Mundial, y haber constatado su condición de mejor velocista española del siglo, participando en las cinco anteriores ediciones de los Juegos Olímpicos. La presencia de García y Morison en la criba del K1 200 obedece a la elaboración de un ránking con el que la RFEP quiere arrancar su proyecto de K4 500 femenino para los Juegos Olímpicos de París 2024.
Natalia García había comenzado la temporada de regreso al Centro Galego de Tecnificación Deportiva para crecer junto a Teresa Portela bajo la dirección de Daniel Brage. Pero en diciembre el responsable del grupo nacional de kayak femenino sénior, Luis Brasero, la llamó para que volviera a la Residencia Blume de Madrid, donde había trabajado la pasada primavera y verano en el K4 500 que buscó el pasaporte para Tokio, con un decepcionante y muy insuficiente 15º puesto en el Mundial. La breoganista alterna la Blume con el Centro de Alto Rendimiento de La Cartuja, Sevilla, donde ayer concluía su segunda concentración de tres semanas junto a sus cinco compañeras de grupo. La vasca Begoña Lazkano y la ceutí Isabel Contreras, con las que compartió bancada en el K4 500 la temporada pasada, y la catalana Laia Pelach, la balear Aida Bauza y la pontevedresa Carolina García, las tres todavía Sub-23. «Levamos desde decembro a facer combinacións no K2, pero inda non temos parellas definidas», nos cuenta García.
Con el mismo plan, aunque sin haber iniciado todavía acoplamiento alguno en el K2, trabaja Camila Morison. En su caso, por cuarto año en el C.A.R. La Cartuja como integrante del grupo nacional Sub-23. En su último año en la categoría, evoluciona bajo la dirección del extremeño Fausto Moreno. Subcampeona del Mundo Sub-23 de K2 500 en el 2017, y tras dos años grises, Morison declara que afronta el asalto a las plazas en los preolímpicos «con muchas ganas».
Carla Frieiro y María Pérez renuncian a fijarse objetivos
Dos de las grandes promesas del piragüismo arousano han declinado intentar el esprint final con una plaza en Tokio por meta. La catoirense Carla Frieiro, bronce mundial júnior en K1 500 el año pasado y elegida kayakista júnior 2019 por la RFEP, ha vuelto al CGTD de Pontevedra tras no aclimatarse al C.A.R. de Sevilla, donde llevaba 4 meses, en su primer curso Sub-23. Tras un mal año a nivel internacional, la canoísta Sub-23 del O Muíño María Fontán, externa en Sevilla, explica que, como Frieiro, no quiere ponerse metas esta temporada.