Cuerpos y embarazos para hacer arte

La meañesa Marta Aragunde descubrió en el «body paint» una forma de dar rienda suelta a su talento, y con premio


meaño / la voz

Pintar la piel está de moda. Los tatuajes se imponen y los tatuadores han encontrado un nicho de negocio floreciente. Lo que es mucho menos corriente es convertir el cuerpo en un lienzo en el que plasmar figuras y escenas que se van con un lavado. Es el body paint, una modalidad reservada, sobre todo, para las pasarelas y eventos sociales. Nadie se pasea desnudo por la calle, aunque la desnudez quede camuflada tras un dibujo que se adapta al cuerpo como un guante. Pero sí se estilan cada vez más sesiones de fotografía para decorar la epidermis con pinceladas certeras, especialmente las barrigas de las embarazadas. Es el belly paint, que también ha llegado a la comarca y tiene en Marta Aragunde Conde una de sus principales valedoras.

Esta joven meañesa convierte el cuerpo en una obra de arte, con fines meramente estéticos o para lanzar un mensaje sobre el problema que representa la contaminación para el planeta, como hizo con Escuridade terreal, la propuesta que le valió el primer puesto en la modalidad body paint de los prestigiosos premios Imaxe fallados días atrás en Vigo.

Aquella era una creación para pasarela, pero Marta también hace trabajos más domésticos, como pintar un Peter Pan o un elefante en la barriga de una futura mamá. Un encargo de este tipo suele llevarle entre hora y media y dos horas y el coste de la sesión oscila entre los 50 y 70 euros. Lo mejor, cuenta la experta, es intervenir a los seis meses de gestación, aunque en esto no funcionan las matemáticas exactas. «Depende moito de cada muller», indica.

De una a ocho horas

Los tiempos y los costes del maquillaje corporal varían mucho en función del encargo. Por ejemplo, en la propuesta con la que ganó el premio Imaxe necesitó a tres modelos, hicieron falta cuatro manos y empleó más de ocho horas. Para caracterizar a alguien como Joker para las fiestas de carnaval o convertirlo en un zombi en Halloween a Marta le basta con un rostro paciente y una hora de dedicación.

El body paint le confiere un plus de especialización y momentos de gloria, pero su trabajo del día a día, lo que le da de comer, es la peluquería y la estética. Un ejemplo de ello se podrá ver hoy con motivo del showroom de bodas que se va a celebrar en Bodegas Vionta, en Meaño, dentro del proyecto empresarial Llévame de la mano. Marta Aragunde peinará y maquillará a los novios. Esta vez son de pega, pero otros muchos han pasado anteriormente por sus manos.

La primera vez que lavó una cabeza en Peluquería Teresa, el negocio de su madre, tuvo que subirse a un altillo porque a sus siete u ocho añitos no llegaba bien para aplicar el champú en las cabelleras. Le gustaba el ambiente de la peluquería, pero ella lo que quería entonces era ser profesora de Educación Física. «Non sei, pouco a pouco empezoume a gustar e acabei estudando perruquería e estética», comenta.

Viajó a Madrid para completar su formación y allí descubrió que, además de recogidos y sombras de ojos, también podía tunear los cuerpos y que, además, se le daba muy bien. Desde entonces viaja de vez en cuando a la capital para realizar trabajos por encargo, pero se resiste a abandonar su Meaño natal. «Aquí teño unha calidade de vida que non teño en Madrid, así que me quedei», dice. Quizá el terruño le sirva, también, de fuente de inspiración.

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