Torres más altas cayeron o la xogada de «Braveheart»

Manel Vázquez afrontó la campaña de 1999 con una mastodóntica responsabilidad


Cantaba Silvio la historia de tres hermanos que, de uno en uno, se fueron por la vereda a descubrir y a fundar. El primero caminaba mirando muy bien dónde ponía el pie. Tan precavido, que se hizo viejo sin ser capaz de ver a lo lejos. El del medio no oteaba sino el horizonte, de forma que no hizo otra cosa que tropezar y arrolar. El pequeño, el más espabilado, sintetizó a sus mayores para echarse al mundo con un ojo puesto en los cielos y el otro en la tierra. Y anduvo el que más, pero de tanto atender aquí y allá acabó por no saber ni qué veía.

Manel Vázquez afrontó la campaña de 1999 con una mastodóntica responsabilidad: demostrar que ese bastión socialista en que A Illa se convertía, cada vez que había que unirse para votar y dominar el antiguo concello compartido con Vilanova, se mantendría intacto cuando lo que tocase fuese elegir la primera corporación municipal isleña. Manolo Dios, que pilotó la segregación, ya no estaba. Tampoco Sito Vázquez, aunque dicen que su nombre salió a relucir en tanto las mentes pensantes y las manos obrantes del PSOE no dieron con el aspirante idóneo. Así surgió la figura de un joven economista que había jugado al baloncesto con cierta habilidad y un legendario grito de guerra sobre la cancha: «Xoghada». Como cualquier otro vecino da Arousa, Manel tampoco le hacía ascos a la celebración de un buen Entroido. Y así, cuando la ocasión lo requirió, no dudó en ataviarse de highlander escocés para medirse a espadazos de madera a las puertas del Benalúa, conmemorando de paso el estreno de Braveheart. «Aínda debo de ter o disfraz pola casa», calculaba el candidato del puño y la rosa en los prolegómenos de aquella cita con las urnas y la Historia.

Vázquez posó entonces bajo una canasta, cuya altura desafió con una mirada comparable a las de los tres hermanos de la fábula cubana, pues, al fin y al cabo, de lo que se trataba en A Illa era de descubrir y de fundar. Cierto que en aquellas elecciones el PP cosechó más votos que el PSOE, pero la gaviota no pudo gobernar y Vázquez inició una secuencia de gabinetes socialistas a los que Carlos Iglesias dio continuidad. Pese a la paradoja de Silvio, nuestro hombre descubrió y fundó.

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