Los ladrones no son tiquismiquis

De libros eclesiásticos a un cajero automático al completo, los cacos que actúan en la comarca de O Salnés no ponen reparos a nada


vilagarcía / la voz

Cuesta imaginar cómo hicieron los ladrones para llevarse el cajero automático del Hospital do Salnés. Una operación que les tuvo que llevar su tiempo -el aparato pesa lo suyo- y que consiguieron completar sin mayores problemas. Ese robo en el centro hospitalario es, por sus características, el más destacado de los que se han producido en los últimos meses en la comarca, pero lo cierto es que los cacos que actúan en O Salnés no son nada tiquismiquis. Nada tiquismiquis, muy eficientes y con cierta propensión a visitar los centros de salud. En noviembre del año pasado desaparecieron en el plazo de tres días dos de las pantallas informativas que el Sergas había colocado en el PAC de San Roque. Uno de los robos se descubrió el viernes y el otro un lunes. Ambos en la segunda plaza del centro y, probablemente, a plena luz del día.

Las iglesias eran el lugar preferido de un vecino de Vilagarcía y su pareja para robar. Podríamos decir que estaban especializados: eran unos cacos eclesiásticos. La Guardia Civil los detuvo como sospechosos de cerca de medio centenar de robos en iglesias, capillas y casas rectorales de las provincias de A Coruña y Pontevedra. El amplio botín fue devuelto a los párrocos y en él sobresalían varios libros de temática eclesiástica y una importante obra etnográfica encuadernada en piel.

Dentro de la especialización que parecen tener los cacos que circulan por la comarca sobresalen los que tienen querencia por las máquinas tragaperras. Auténticos profesionales a los que les basta menos de un minuto para entrar en el bar y desvalijar la máquina. Veintiocho segundos fue el tiempo que cronometró el propietario de la Cafetería Zas en Vilagarcía en el vídeo de las cámaras de seguridad.

Al parecer, antes de dar su golpe pasan por el local, se toman algo y comprueban que puede entrar en su perfil de víctimas. Algo que ha corrido en el boca a boca de los camareros, que comienzan a mirar con desconfianza a quienes no son clientes habituales de su establecimiento. Y no es broma.

Los bares han sufrido con más frecuencia el frenesí de los cacos, pero en realidad llegado el momento les vale cualquier cosa. En julio del año pasado entraron en un establecimiento de congelados. En realidad, entró uno por un ventanuco y su compinche se quedó fuera vigilando. No se llevaron nada, ni siquiera una bolsa de calamares, porque su objetivo era la caja registradora, que estaba vacía.

Otro día lo intentaron en un par de tiendas de ropa. No eran muy hábiles ni buscaban un modelo especial los tipos porque fracasaron tanto en la de las tallas especiales (Nena Dolores) como en la de Viva la vida, que está a solo unos metros. Porque es verdad que hay auténticos profesionales de los robos y luego otros que parecen más chapucillas, como el que entró con aviesas intenciones en el centro social de Vilaoxán y se olvidó allí una citación judicial que sirvió para identificarlo, evidentemente.

Y, por último, ha aparecido una nueva modalidad que podríamos bautizar como fast clean. Sucedió hace unos días en una lavandería de Vilagarcía. Un cliente estaba haciendo su colada, cuando un individuo bajó de un coche, que lo esperó en marcha, entró en el establecimiento y se llevó el móvil y la cartera de la víctima en un visto y no visto.

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