Los rizos que enamoraron al yogur de vainilla

Tiene apenas seis años y es una de las protagonistas indiscutibles de la campaña publicitaria de Larsa


vilagarcía / la voz

Poco más de cinco minutos tardó Martina Miser en hacer el fotón que acompañan estas líneas. «Es una pasada, hasta te dice cómo tienes que hacerla», decía entre risas la fotoperiodista cuando regresaba con Alejandra. Alejandra tiene un don. Enamora a la cámara con sus apenas seis años de edad y también se ha ligado al yogur de vainilla, porque ella es una de las indiscutibles protagonistas de la campaña publicitaria que lanzó Larsa hace unas semanas. Su rostro aparece en multitud de vallas publicitarias.

Todo empezó cuando Alejandra ejerció de improvisada modelo para publicitar la ropa que su madre Bea vende en la tienda Viva la vida. Lo recuerda Pablo, el padre de la criatura. «Mi mujer le hizo las fotos en casa, y cuando acabó me dijo: ‘Acabo de flipar con la niña. Posaba, se colocaba sola’. Y la verdad es que me enseñó las fotos y estaban muy bien». Y ahí comenzó todo. Tras publicarlas en el muro de su tienda, Facebook, que ya sabemos que es muy listo, le ofreció a Bea una pestaña de una agencia de modelos. La inscribió y al poco tiempo ya la llamaron para la primera sesión de fotos en A Coruña. Una semana después llegó otra cita. Ahí fue cuando le dijeron que la habían escogido para protagonizar la campaña. Todo lo demás llegó rodado.

La precaución en las redes

Surge siempre, en estos casos de modelos de edad tan joven, el miedo a que los rostros de los niños circulen por las redes, donde hay de todo como bien sabemos. Está todo bastante organizado porque la comunicación entre los familiares de los jóvenes modelos es fluida y saben muy bien a quién deben aceptar y a quién no entre los seguidores de Instagram.

La otra duda es ese rumor de que los padres puedan obligar a los hijos a subirse a ese carro. «Siempre le preguntamos y nunca dijo que no quisiera ir a alguna sesión», subraya Pablo. Aunque claro, hay que confirmar la versión con la protagonista.

-¿Te gusta posar para las fotos, Alejandra?-, le preguntamos.

«Mientras sea en un sitio bonito sí. Si es por la calle sí, si es dentro de un sitio menos. Metida en un sitio con este tiempo haría demasiado calor», razona. Irrebatible argumento para alguien de quien más de un fotógrafo especializado en moda ha dicho ya a sus padres que la chavala es un auténtico diamante.

Y ojo, amigos de Larsa, porque Alejandra apuntó una cuestión que no es baladí. «Solo me dieron el yogur del anuncio», proclama. Aunque es verdad, que era uno por toma, porque tenía que salir entero en la imagen, según apunta el padre. «A mí me gustan el de vainilla y el de fresa», dice por si hay que dar ideas.

Ya dio tiempo a que sus compañeros en el colegi la vieran y esa popularidad no es mucho de su agrado. «Se pone colorada cada vez que pasamos al lado de un anuncio y le gastamos alguna broma», dice su padre.

Y si algo tiene claro Alejandra es que su pelo no conocerá el acero de las tijeras en un tiempo. «Es imposible que me cortéis el pelo porque si no te lo corto a ti», amenaza. Aunque, bien es verdad, que apunta su progenitor que ya se lo han cortado varias veces, claro está.

Y no, no ha cambiado mucho la niña a pesar de que ahora pase alguna tarde posando para fotógrafos de estudio. Sigue escribiendo carteles con sus amigos para intentar engañar a los gatos y prepara trampas para los pájaros. En ambos casos con idéntica ruta hacia el fracaso. Y te sorprende cualquier tarde porque aparece llorando tras haberse caído de un árbol que estaba escalando. Sigue siendo una niña, aunque tenga un don.

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