El fuego cercó sus casas y los vecinos tuvieron que buscar un alojamiento alternativo, otros se quedaron pero no se atrevieron a ir a cama hasta que empezó a llover
17 oct 2017 . Actualizado a las 11:57 h.«Hoy tuve que ir a dormir con mi prima porque cerca de mi casa había fuego». Claudia, una niña de diez años de Cabeza de Boi, en Armenteira, vivió como una aventura lo sucedido en la noche del pasado domingo. Peor lo lleva su madre, Cristina, que casi es incapaz de recordar el miedo que pasó sin que se le salten las lágrimas. «Estábamos tomando algo por aí e, cando chegamos, en dez minutos o lume rodeou toda a casa», relata. Todos los testigos coinciden en destacar la rapidez con la que se propagó el fuego, que pasó de ser una amenaza lejana a cercar sus viviendas en cuestión de minutos. Por fortuna, todo se quedó en un susto. No hubo ni animales ni casas quemadas. A muchos todavía les tiemblan las piernas. Y eso que no es la primera vez que viven algo así, pues el fuego cercó sus viviendas también en el 2006.
«Empezou a cheirar a fume e, ao pouco, a horta estaba chea de muxicas. Tiven que coller á nena e marchar», cuenta Isaura. También a ella, como a su vecina Cristina, le saltan las lágrimas al recordar el miedo que pasó. Ella prefirió marcharse, ir a dormir a casa un de un familiar. Cristina y su marido Manuel, en cambio, se quedaron. Con el agua del pozo primero, y con la de la piscina después, consiguieron evitar que el fuego incendiara su vivienda. Tuvieron ayuda. «Os bombeiros estiveron moi ben, déronlle prioridade ás casas», explica Cristina. Entre todos consiguieron evitar la desgracia. «Estivemos botando auga ata que secou o pozo, mentres os bombeiros foron cargar», añade.
Pozos secos
No fueron los únicos. De hecho, en la carretera hay restos de mangueras que quedaron olvidadas tras una noche de trabajos. El problema era el agua. «Temos os pozos secos», se lamentaba una vecina la misma noche del incendio. La sequía se nota especialmente en unas casas que, en su mayoría, no tiene abastecimiento de agua, sino pozos. «Eu coa auga xa me coido moito, porque non hai», aseguraba otra residente. Aún así, en la noche del domingo todos ayudaron con lo que tenían, aunque no fuera su casa.
Un poco más adelante de estas viviendas está el núcleo de Gondes, uno de los más afectados por el fuego. A Enrique, Noelia y Gloria los llamó una vecina, para advertirles de que había un incendio. «Nun principio non pensamos que houbera lume, víase unha fumareda pero como dicían que tamén había lume en Soutelo de Montes e por aí..», explica Enrique. Al poco tiempo, empezaron a ver «lapas de lume», explica Gloria. «Parecían bombillas voadoras, era follas acendidas», relata Enrique, que iban dejando fuego a su paso. Entonces llegó la Guardia Civil, que les pidió que abandonases sus viviendas de forma inmediata. Así lo hicieron. Se marcharon y no regresaron hasta el lunes por la mañana. Con ellos encontramos a Ángel, un pariente que vive unas casas más abajo. Él fue de los que se quedó a ayudar. «As catro da mañá xa tiñamos todo controlado e empezou a chover media hora despois», asegura.
Sola en casa
A María Teresa el fuego la pilló sola en casa. «Xa non me acordo nin o que pasou», cuenta. Fue de las primeras en alertar a los bomberos, cuando vieron el fuego en Fofán. «Aos dez minutos xa o tiñamos aquí», explica. Cogió el coche y junto con su familia, y un vecino que vive solo, se fueron a la rotonda de Armenteira. Allí había más residentes desalojados, esperando a ver qué pasaba con sus viviendas. Allí estuvieron hasta las cuatro de la mañana y, a pesar de que el Concello les ofreció alojamiento, decidió regresar a su casa. Hoy también llora al recordarlo. Pasó miedo, mucho. Al igual que en el 2006. Son ya demasiadas, las veces que ha visto su casa cercada por el fuego.
Manuel y Cristina usaron el agua de su piscina para evitar que el fuego afectase a su casa
Los vecinos de Godes tuvieron que abandonar sus casas en plena noche