Las duras críticas que los miembros de Batas Blancas pusieron ayer sobre la mesa no hacen sino confirmar el complicado ambiente que desde hace tiempo se respira en el Hospital do Salnés. Cuando a finales del año pasado el gerente ejecutivo, Bibiano Fernández-Arruti, presentaba su dimisión, el motivo oficial, al que él mismo aludió, revestía tintes personales. Sin embargo, el descontento entre los profesionales sanitarios ante la creciente subordinación del centro de Ande a la estructura del Chop era algo más que evidente. Tanto, que nadie dudaba de que en cuestión de pocos meses habría un relevo al frente de la EOXI Pontevedra-Salnés, un término que, visto lo visto, se le atraganta a la comarca. Los presagios se cumplieron matemáticamente en febrero, cuando José Ramón Gómez se situó al frente del área sanitaria conjunta, en lugar de José Manuel González.
Sin necesidad de decir nada, aquel cese supuso la admisión, por parte del Sergas, de que algo más había que hacer por estos pagos, además de fiarlo todo a insistir en la inversión ejecutada para ampliar el hospital tras largos años de olvido. Gómez afirmaba el domingo que es necesario definir qué prestaciones se van a ofertar desde Ande. Lo cual indica, ni más ni menos, que su predecesor no lo tenía claro. Así que el reto que se abre ante el nuevo gerente no es ninguna minucia. En los cinco años transcurridos desde la creación de la EOXI, O Salnés ha cedido una veintena de servicios. En términos hamletianos, ser o no ser.