«Tenemos más de 600.000 libros, estamos un poco constreñidos»

Gerardo Marraud tiene a su cargo las once bibliotecas de los tres campus de la Universidad de Vigo, con casi cien empleados


vigo / LA VOZ

Marraud está al frente de la Biblioteca Universitaria, un ente integrado por once salas repartidas por los campus Ourense, Pontevedra y Vigo, en las que se cuentan 3.322 puestos de lectura.

-¿Puede utilizar las bibliotecas cualquier persona ajena a la Universidad?

-Sí. Las abrimos a toda la ciudadanía por cuestiones de responsabilidad social y de devolver a cada ciudad el dinero público. Además, como en Vigo no es muy fuerte la oferta... Por ejemplo, la de Torrecedeira tiene gran uso de nuestros alumnos, pero también de opositores, estudiantes de bachillerato... A veces tenemos problemas de espacio, pero en el campus no. En términos globales estamos en los mismos niveles que otras de Galicia y España. Lo importante es rascar y ver dónde falta y dónde no se cubren.

-¿Los cambios en los métodos de estudio han influido?

-Con los nuevos sistemas de enseñanza superior necesitamos diversificar espacios. Ahora la gente trabaja más en grupo y no todas las bibliotecas pueden modificarse. Las hay que ofrecen laboratorios para grabar vídeos. No es como antes, cada vez es más diversa. Aunque tenemos algunas bibliotecas preparadas con espacios para trabajar en grupo, estamos un poco constreñidos. Tenemos 600.000 libros y 3.322 puestos de lectura. Es un problema de arquitectura, los espacios no son elásticos. Hay competencia entre libros y usuarios.

-El personal está muy preparado a juzgar por el éxito obtenido en el programa Saber y ganar.

-La verdad, es llamativo. A escala de los campus les ha dado cierta popularidad.

-¿Tienen muchas obras procedentes de donaciones?

-No todo lo que se dona se puede o debe incorporar. Algunos libros están en malas condiciones, contaminados por insectos y cuesta dinero tratarlos. Otros ya los tenemos. A veces pueden llegar con exigencias inaceptables. En Estados Unidos ha habido algunas peligrosas. En 1968 una biblioteca recibió una donación con la exigencia de que se pusiera en memoria de una persona. Descubrieron que se trataba de un asesino en serie condenado a pena de muerte. El mundo de las donaciones es muy diverso, hay mucha casuística detrás.

-¿Qué coste tienen para la Universidad?

-El hecho de que las obras sean gratuitas no quiere decir que no tengan coste. Hay gastos ocultos como catalogación, procesamiento y almacenamiento. Queremos facilitar la gestión, pero hay que ver si nos interesa o no, porque es dinero público.

-¿De cuánto dinero hablamos?

-Un estudio de Estados Unidos que sumaba costes concluía que un libro donado y de acceso restringido costaba un promedio de 29 dólares al año. Si es de acceso abierto, 142. A veces donan manuales obsoletos y no aceptan que no incorporemos todo el fondo. Tenemos una normativa de aceptación aprobada en el 2012. Reconocemos que las donaciones bibliográficas para mejorar las colecciones son una solución buena.

-¿Todas se rigen por las mismas normas?

-Distinguimos tres modalidades. Al margen del reglamento están las de ejemplares sueltos editados que pedimos a instituciones púbicas y organizaciones internacionales y que están fuera del circuito comercial. Otra modalidad que sí se incluye es la donación de ejemplares sueltos que nos llegan sin pedirlos. Los valoramos en función de su utilidad. Hubo un caso en Estados Unidos que les enviaron 15.000 libros, 14.999 iguales. No tiene sentido.

-¿Son habituales las que se hacen con motivo de mudanzas?

-Sí. La normativa afecta también a grandes conjuntos procedentes a veces de herencias, legados, pisos pequeños en los que ya no les caben más, o cuando se hace un cambio de casa. Piensan: ‘¡Qué pena me da tirarlos!’ Y se ponen en contacto con nosotros. En ese caso el reglamento dice que si son muy importantes por la persona que los da, el volumen o la valía, entonces la aprobación la hace el consello social.

-¿Se consultan los libros donados?

-Cuando en el 2012 empezamos a elaborar el borrador, hicimos un estudio sobre su uso. De los 5.700 libros entregados entre el 2006 y 2011, se solicitaron en préstamo una vez 566, un 10 %. Si eran tres o más préstamos, solo eran un centenar de libros. La utilidad es discutible. Hay que decidir. Estamos ocupando espacio e impidiendo almacenar otras obras más útiles y actuales. La ciencia avanza rápido y lo tenemos que calibrar.

-¿Cuántas donaciones importantes han tenido?

-De más de cien volúmenes y de personas individuales hemos tenido dieciséis. La más importante fue la de Xaime Isla Couto. También tenemos de José Luis López Cid, Alfonso Zulueta de Haz, la familia Massó, Dolores Troncoso, Marina Horjales y del hijo de Luis Suárez Llanos. Tenemos 10.456 volúmenes de personas singulares. También donaron el Centro Galego de Artes da Imaxe y el Instituto Ramón Llull.

-En general, ¿rechazan muchas?

-Remitimos a la normativa y ellos ya deciden.

-¿Influye Internet en el aumento de donaciones?

-La edición electrónica del mundo científico es complicada en España. No invita a desprenderse del ejemplar en papel.

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