De la ruina al vandalismo

La falta de cuidados y los ataques lastran la herencia histórica medieval de la torre de O Castro


xinzo / la voz

La torre defensiva de O Castro, en Sandiás, apenas guarda restos de su pasado esplendor. Fue construida en el siglo XII, aunque algunas leyendas datan su incierto origen hacia el siglo IX. Fue testigo de las guerras medievales entre los reinos de Galicia y Portugal. Las crónicas relatan que fue asediado por uno de los primeros monarcas lusos, Alfonso Henriques. En el año 1386 el duque de Lancaster asaltó y destruyó la fortaleza. Tras su reconstrucción, un siglo después, fue asolada de nuevo a cuenta de la revuelta Irmandiña.

Sus gruesos muros y sus tres alturas convirtieron durante siglos a la torre en un importante enclave medieval. Hoy, del esplendor histórico solo quedan tres de las paredes resquebrajadas de la vieja estructura original, y nada hay en el interior.

Pese a contar con un cartel anunciador del monumento en una pista cercana, no es sencillo para un visitante llegar a una de los cuatro torres defensivas con las que contó la comarca de A Limia (junto a las Celme, en Rairiz de Veiga; A Forxa, en Porqueira; y A Pena, en Xinzo). El acceso no es sencillo. Hay que subir por una pista asfaltada y realizar un último tramo por un sendero sinuoso y empinado de un metro de anchura y 50 de largo. Arriba no existe un explicativo detallado sobre la historia del documento junto a las ruinas.

La promoción del castillo, propiedad de la Xunta tras la cesión en 2010 por parte del Estado, y su puesta en valor no son las deseadas. Hace años la Diputación subvencionó la instalación de iluminación artística nocturna en O Castro para poder contemplar el monumento desde la lejanía. Los constantes actos vandálicos que sistemáticamente destrozaron focos y cables dieron al traste con la medida.

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