El concierto inaugural de San Roque respondió a las expectativas, con mucha gente y un sonido almibarado
12 ago 2016 . Actualizado a las 21:20 h.Cuando esta tropa vendía discos y hacía temblar la ropa interior de su público, uno, que estaba hecho un chaval, dedicaba su tiempo y sus oídos a propuestas muy diferentes de la almibarada fórmula que confirió a los Hombres G aquel éxito suyo tan desmadrado. Para quien escribe estas líneas no hubo, pues, en el momento de toparse con ellos en el parque de A Xunqueira este jueves, nada parecido a la emoción del reencuentro con las melodías y las letras con las que se le fueron cosiendo los retales del sentimiento y la memoria. A cambio, la tranquila distancia de quien observa algo sin verse demasiado involucrado en ello.
Desde esta postura, tan cómoda como poco expuesta, cabría decir un par de cosas sobre el concierto estrella de San Roque. Como elección para unas fiestas, la banda de David Summers resultó un acierto soberano. Un parque repleto de un público heterogéneo, en el que las fans más veteranas unían sus voces a gente sorprendentemente joven, que se sabía las letras mucho mejor que la etiqueta del ron con el que sus colegas rellenaban los vasos. El personal se lo pasó muy bien, que es de lo que se trata, así que ni un pero por ese lado. El sonido, sin embargo, dejó lo suyo que desear. Indefinido, superficial, salvado de vez en cuando por un tremendo saxo. Para colmo de males, menudo sobresalto al ver en la pantalla el rostro de Summers encuadrado por lo que parecía ser la cabeza de E. T... hasta caer en la cuenta de que en realidad se trataba de un corazón, grande pero aplastado. Los bises fueron los que tenían que ser, Venezia y Sufre Mamón. Y si acaso pedir a la organización que haga algo con las barras, porque no hay forma de echar un trago en condiciones.