Silgar extraña su tomatera

Marcos Gago Otero
marcos gago SANXENXO / LA VOZ

AROUSA

m. gago

Alguien arrancó la planta que nació salvaje el año pasado y volvió a brotar este año

22 jun 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Fue una de las atracciones de la playa de Silgar. Una tomatera que nació salvaje el año pasado -se especula que por las pepitas de algún bocadillo- en pleno corazón de la capital estival de las Rías Baixas. La tomatera se codeó con la flor y nata de los turistas de una de las playas más famosas de Galicia y sobrevivió todo el verano. No solo los bañistas la dejaron tranquila, los vándalos la respetaron y el Concello de Sanxenxo optó por no retirarla, al verla convertida en toda una estrella -hubo más de un turista que se hizo foto con la plantita-. Este año volvió a brotar y todo parecía indicar que se repetiría la estampa. Fue una impresión fugaz, porque alguien la ha arrancado de cuajo. El pasado fin de semana, no quedaba ni rastro. Silgar se ha quedado sin cosecha pero, por un azar del destino, lo que perdió Sanxenxo lo ganó A Coruña.

María Jesús Morao, profesora jubilada, fue una de las personas que se afanó el verano pasado en cuidar la planta. Creo una minihuerta, rodeando la tomatera con piedras y madera, atándola con cañas y restos de red para que aguantase firme. La regó y la mimó. Le gustó tanto la idea de verla crecer en Silgar, que cuando empezó a dar tomates, se llevó algunos a casa. Le picaba la curiosidad por ver a qué sabían.

Una amiga le sugirió que por qué no cogía unas semillas de la planta playera y las ponía en una maceta. No se lo pensó dos veces y Morao tiene ahora en su balcón de A Coruña tres macetas con tomates. Cuando regrese a Sanxenxo tiene previsto llevarse alguna maceta y el resto se las dejará al cuidado de una tía en la ciudad herculina.

Morao no ocultó su decepción porque la planta que nació este año en la arena no la iba a acompañar en la campaña estival. «Estaba toda emocionada», señala. Cuando la vio brotar en la playa se dijo para sí misma: «¡Qué bien, ya tengo entretenimiento!». Poco duró la alegría. Habilitó una huerta, con troncos que recogió en la orilla. A los pocos días alguien los había dispersado por la arena. Fue una premonición. Durante una breve ausencia alguien decidió arrancarla.