El parqué se abomba y tiene que ser «arreglado» a martillazos para poder disputar los partidos
AROUSA
A las nueve y media de la mañana del pasado sábado los ruidos de los martillazos eran más fuertes que los de los balones que dos docenas de niñas estaban botando en uno de los pabellones del instituto de Carril. Allí tenía que disputarse poco después un encuentro de la categoría premini entre el CLB y el Arxil de Pontevedra. Los martillazos los daban Antolín y un par de sus compañeros de directiva, que se afanaban en intentar conseguir que el parqué regresara a su sitio para que el partido comenzase.
El panorama, desde luego, no invitaba a pensar que el encuentro se pudiera disputar. La madera estaba abombada en toda una franja y dividía la pista en dos. Poco a poco, martillazo a martillazo, la cosa fue mejorando ante el estupor de los progenitores que allí estaban -sobre todo de los llegados de Pontevedra- que no daban crédito a lo que estaban viendo. Allí había maña y poderío y el partido, finalmente, pudo disputarse. Lo cierto es que los directivos del Cortegada están acostumbrados a realizar ese tipo de operaciones. Tanto en invierno, por las goteras que campan a sus anchas por buena parte de la instalación, como en verano. En los meses de estío aquel pabellón es un horno y la madera -que tampoco es de la última generación, ni mucho menos- también se ve afectada por la alta temperatura.
Lo cierto es que el parqué seguía bastante abombado en la zona central, pero las jugadoras pronto se olvidaron de ello y se centraron en lo que las había hecho madrugar. La casualidad hizo que ni el balón ni ninguna baloncestista se encontrasen con la zona que estaba hinchada, y el encuentro comenzó y acabó sin mayores problemas.
La maña y el poderío de los directivos hicieron posible que se jugase el encuentro