Cuando el rock traspasa generaciones

La música se ha convertido en un idioma universal que no entiende de barreras de ninguna clase


pontevedra / la voz

La música es un canalizador vital increíblemente efectivo. No entiende de edades ni complejos. Un Do mayor tiene tanta sonoridad a los sesenta como a los veinte. Es una mera cuestión de ganas y pasión, y parece que con ambas cosas se nace y se muere uno.

Emmanuel Lamas (1996) tiene 19 años, toca la guitarra en un grupo local llamado A Rose For The Devil. Lleva unos añitos sacándole notas a su instrumento. Es una afición, le gusta. Suelen ensayar una vez a la semana en el Local de Música de Pontevedra como tantas decenas de chavales (y no tan chavales). Tino Domínguez (1952) le lleva muchos años de ventaja en eso del arte sonoro. Empezó joven, montó una banda y la refundó 40 años después. Es improbable que en la ciudad del Lérez quede alguien por conocer a los Black Stones.

«Yo empecé con unas clases en el instituto», comenta Emmanuel. «Las ofrecían gratis y bueno, me apunté a guitarra». En el caso de Tino, no hubo un primer profesor oficialmente, era una cuestión más autodidacta que otra cosa. «Nos enseñábamos entre amigos. Uno sabía una canción, otro otra... No había una escuela a la que ir a aprender, claro. No existía ese potencial de oportunidades que hay ahora».

El miembro de los Black Stones también hace hincapié en un punto muy concreto, el de las primeras andanzas como músico, la compra del instrumento, y la hazaña imposible que era obtener una guitarra americana de calidad de una marca como Fender o Gibson. «Teníamos que conformarnos con una Eco u otras marcas españolas. Tener una Fender era... en fin». Emmanuel ríe. Recientemente ha adquirido una flamante Fender Telecaster. «Es que eso antes era imposible. Te hablo de que a lo mejor valía 100.000 pesetas una guitarra de esas características. ¡De aquellas! A lo mejor ahora, al cambio, serían 5.000 o 6.000 euros». A día de hoy, una guitarra de esta marca puede comprarse por unos 800 euros.

El tema de los conciertos, también difiere en la visión que cada uno tiene. En el caso de Emmanuel, acaban, como quien dice, de empezar a hacerlos. Tocan en pequeñas salas, en locales de Pontevedra y a veces salen a villas cercanas. «La verdad es que cuesta arrancar. Es difícil encontrar sitios donde tocar por aquí». Tino comenzó en su grupo con unos 16 años y se subieron a un escenario para telonear a Camilo Sesto. «Venía de hacer la ópera rock Jesucristo Superstar. Estaba muy de moda. Luego, crecimos un poco y ya empezaron los estudios, los trabajos y tal... vivir de la música era impensable». En ese punto sí parece que hay confluencia. El joven guitarrista también opina que eso de ganarse la vida tocando está muy lejos de cualquier realidad conocida. Hay cosas, que desde luego, no parecen cambiar.

Raíces sesenteras

Por supuesto, llega la hora de hablar de influencias y grupos que escuchan, y aquí cada cual va por su lado. Emmanuel dice que le gustan grupos de rock potente, que empezó escuchando bandas míticas como Pink Floyd pero que ahora es más de grupos menos conocidos, como Nao, o los vigueses Aphonnic. Una vertiente más metalera. Tino conserva los gustos que adquirió cuando era joven. «Yo viví los lanzamientos de los Beatles», recuerda. Nombra a los estadounidenses Crosby, Stills y Nash como una de sus máximas influencias. «Es que en los 60 y los 70 se hizo la mejor música. Esa gente marcó todo lo que se hizo luego. No quiero desmerecer lo que se hace ahora, pero creo que se ha perdido mucho de aquello».

Llegados a este punto se crea un pequeño debate en el que Tino habla de la poca importancia que los grupos más modernos le dan a las melodías vocales. «Tú oyes las canciones de los Beatles o de Crosby, Stills y Nash, y ves que hacen auténticas virguerías. Son muy difíciles de recrear. Los grupos de ahora ya no fijan en esas cosas y se pierden algo muy importante».

Emmanuel le da la razón. Admite que encontrar cantantes buenos, a día de hoy, resulta un tanto difícil. Quizás todo venga dado porque cuesta mucho que los más jóvenes escuchen esos mitos de los sesenta. No van a la raíz del rocanrol y se quedan con los últimos mitos como Nirvana, Guns n Roses y compañía, y realmente, esos grupos bebieron y se recrearon con la música pionera anterior a ellos.

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