«Da pena ver cómo se arruina el edificio; la unitaria de Pedroso le daba vida al lugar»

s. l. l. vilagarcía / la voz

AROUSA

Es el primer curso, en al menos cincuenta años, en el que no hay risas ni algarabía infantil en el patio de la escuela unitaria de Pedroso (Bamio). Hacía ya tiempo que el cierre se cernía sobre el centro, pero los padres se movilizaron para salvarla. Hasta que el curso pasado, la realidad se impuso; solo habían reservado matrícula los padres de cuatro escolares, un número insuficiente para que Educación mantenga una escuela abierta con un profesor asignado.

Los vecinos de Pedroso lo lamentan. Uno de los progenitores que más lucharon por mantenerla abierta, recuerda que su mujer y sus primos, que hoy tienen 50 años, fueron a clase a esa escuela, y que resulta difícil ahora pasar por delante y verla cerrada. «Un edificio de piedra, como los que se hacían antes, y en el que se había gastado dinero para adaptarla, con la casa de la profesora y todo... Es una pena; le daba vida al lugar. Los mayores recuerdan de siempre a los niños jugando, los padres y los abuelos que los iban a buscar...».

Tres en Pontevedra

Junto con la de Bamio, a inicios de curso se cerraron otras dos escuelas unitarias en la provincia de Pontevedra; la de Vide, en As Neves, y la de Samieira, en Poio. El progresivo abandono de las zonas rurales, pero también el descenso de la natalidad están detrás de un fenómeno que vive el proceso inverso a cuando a finales de los sesenta y primeros años de los setenta se produjo el famoso baby boom español. Entonces se decidió acercar la educación a las zonas de más difícil acceso para evitar el desplazamiento de los niños pequeños y su separación del entorno en el que nacieron.

Ahora se vive el proceso inverso. La progresiva pérdida de población en las zonas rurales deja las escuelas en silencio y arruinadas. La de Bamio se suma a otras que echaron el cierre en la comarca. Y si la tendencia sigue siendo la misma, no será la única ni la última.