El concejal Lino Mouriño se desplazó ayer a la zona para analizar el problema
08 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Las huellas que ha dejado el vertido de Bamio son bien claras. Ayer, la humedad ya había desaparecido de la zona puesto que la arqueta dejó de verter alrededor de las once de la mañana del lunes, pero los restos que por allí salieron no habían desaparecido. Toallitas, compresas, papeles de todo tipo o envoltorios de preservativos aparecen por doquier sobre un terreno que tiene un triste tono grisáceo pero en el que algunas plantas luchan por crecer. Abono no les falta desde luego.
Lino Mouriño, concejal de Servizo y responsable de la gestión de residuos y Medio Ambiente, se desplazó en la tarde de ayer al lugar para conocer de primera mano lo que allí ha pasado durante los últimos meses y que se reprodujo el pasado lunes. Su sensación, como la de cualquiera que hasta allí se acerque, es de asombro. Por dos motivos: por el lugar en sí -una carballeira que está sobre una cala- y por los restos que aparecen en el lugar y que dan una idea de que todo lo que por allí hay no puede ser flor de un día.
En todo caso, Mouriño Santiago aseguró que el Concello se hará cargo de la limpieza de la zona puesto que, a fin de cuentas, el vertido de fecales está claro que llega de la red de saneamiento municipal. No puede asegurar el concejal los plazos para que esos trabajos se lleven a cabo porque estarán en función de la disponibilidad de los servicios de medio ambiente. La dificultad para llegar a la zona, relativamente asequible para quien se acerque andando pero con más problemas para un tractor u otro vehículo que sirva de apoyo para las labores de limpieza, lo complica.
El vertido de Bamio, en una zona que está justo enfrente del edificio del ISM, salió a la luz una vez que comenzaron las labores de desbroce de la zona a principios de este año. El lugar, cubierto por una frondosa vegetación hasta entonces, parecía el ideal en el que utilizar la vieja metáfora de esconder la basura debajo de la alfombra. Nadie sabe con certeza cuánto tiempo pasó desde que la arqueta comenzó a verter. Tan pronto como la denuncia saltó a las páginas de La Voz, los técnicos del Concello apuntaron que se trataba de vertidos puntuales.
Reparación del bombeo
El lunes, esos vertidos puntuales regresaron pero, según se apunta desde Ravella, por las labores que se están ejecutando en los bombeos de diversas zonas. Las reparaciones obligaron, al parecer, a que las aguas fecales se desviaran hacia una arqueta por la que, en teoría, solamente se deberían desviar pluviales. Un vistazo a la zona permite comprobar que durante muchos días lo que salió por allí distaba de ser un líquido que pudiera llegar a la ría sin problemas. Algo que, y esto es lo más grave, que parece que ha venido sucediendo durante mucho tiempo.