Las nubes

Manuel Blanco EL CONTRAPUNTO

AROUSA

Tengo un buen amigo, compañero de fatigas desde que éramos unos mocosos, que no levanta cabeza desde hace meses. Trabaja en Lantero. Con la cartonera edificó su proyecto vital: se compró su casa, su primer coche... Lo recuerdo siempre orgulloso de su empresa. Tranquilo. Seguro de estar en un buen sitio para ganarse el pan. Así fue durante veinte años. Hasta que el conflicto que desató la huelga lo ensució todo. E hizo saltar por los aires ese particular vínculo que mantenía con su empresa. Desde entonces, no para de repetir que ya nada es igual. Que la confianza en la propiedad y en la dirección estaba quebrada. Y que ese clima irrespirable sería trágico para la firma.

Aún no he hablado con él, pero sospecho que la venta al grupo británico habrá alimentado su esperanzas. La de que se abra un tiempo nuevo, se disipen las nubes y Lantero vuelva a ser lo que fue. Eso será bueno para él, sin duda. Pero también para todos los vilagarcianos.