En A Illa de Arousa volvieron ayer a tener comilona y a sacar la corbata y el vestido . Y es que después del Fin de Año y de los Reyes, llega el patrón: San Xulián. Los siete de enero son fiesta; ni se trabaja ni se duerme, porque la tradición manda alternar hasta altas horas de la madrugada. Y el que no trasnocha, al menos, sale a tomarse una caña por O Regueiro. La «zona cero» estaba ayer al mediodía a rebosar. «Eu nunca vin tanta xente», comentaba ayer una isleña que llevaba años sin vivir la fiesta. Sin duda, el buen tiempo fue un aliciente a la hora de salir a la calle, quedar con los amigos y la familia para tomarse un aperitivo o ir a comer. Porque en muchas casas ayer no se cocinó y los bares y restaurantes estuvieron a tope. Junto a las corbatas, las pajaritas, las minifaldas y los tacones de vértigo hubo también muchas gafas de sol. Y aunque la juerga manda, en A Illa tampoco descuidan el aspecto religioso. Hubo misa solemne y procesión presididas por el obispo auxiliar de Santiago, Jesús Fernández, que se dejó ver por primera vez por esta parroquia.
Sin el desmadre ni la multitud de A Illa, en Pontecesures también estuvieron ayer de fiesta por San Xulián, de modo que no faltó la alborada de la mañana, ni el pincho al que invita el cura al terminar la misa cantada. La música siguió por la tarde con la actuación de la Coral polifónica de Pontecesures y la Banda de Música de Valga, con motivo del concierto de año nuevo.