El entusiasmo, por lo general, casa mal con el tiempo. El enamoramiento del gobierno local con Fexdega, por ejemplo, ha sido una de esas relaciones gaseosas que arrancan desatadas para acabar en el olvido. Fexdega tuvo un plan director al inicio del mandato y estaba llamada a ser la piedra angular del deporte de base vilagarciano. Hubo reuniones con clubes, documentos y propuestas. Hubo reuniones y charlas interminables. Así lo vendieron insistentemente Tomás Fole y los suyos durante meses. Casi cuatro años después, la instalación, su día a día, no es más que la expresión de otro fracaso de la gestión municipal.
Fexdega languidece sin pena ni gloria a la vista de todo aquel que quiera asomarse por el recinto. La solución de las pistas de goma baratas -regaladas en realidad- ha resultado ser un tormento para los pequeños que allí practican deporte. Caídas, lesiones, trozos de la cancha levantados... Lo barato sale caro, ¿verdad? Las quejas de los padres al ver a sus hijos lastimados y magullados porque Ravella escogió una solución infame han sido recurrentes durante estos años sin que nadie haya tenido la decencia de ponerle remedio. La herencia del concejal que parió aquel plan director resulta elocuente.
Las imágenes de mujeres ya talluditas practicando yoga entre cubos de agua o arracimadas en minúsculas estancias hablan por sí solas. A cualquier alcalde o concejal de Deportes se le caería la cara de vergüenza con solo verlas publicadas. Aquí, por desgracia, se repiten un día tras otro para tormento de los monitores que imparten las clases, que con paciencia y estoicismo soportan las lógicas quejas de las usuarias.
Lo más extraño de todo es que Fole tiene desde hace un año más de 700.000 euros para hacer de Fexdega lo que prometió: un centro neurálgico del deporte vilagarciano. Por qué no lo ha hecho es otro de esos misterios insondables que rodean el modo de proceder del regidor vilagarciano. Si ha sido por desidia, desinterés o por otro motivo resulta una incógnita que nunca ha desvelado. Mientras, entre goteras y desperfectos, los usuarios siguen esperando a que alguien haga algo.