Un estudio revela que las caracolas que se han instalado en la ensenada de O Grove ingieren hasta once millones de kilos de bivalvos en un año
17 jun 2023 . Actualizado a las 20:10 h.No hay enemigo pequeño. De ello pueden dar fe los mariscadores mecos, que han visto como unas pequeñas caracolas llegadas del Mediterráneo se instalaron hace unos años en la ensenada de O Grove, se hicieron fuertes en un mar que les recordaba a su casa y, finalmente, lo conquistaron. Para ello, se han comido a las poblaciones de almeja que existían en la zona. Y el verbo comer no se usa, aquí, de forma literaria: tanto la canaílla como el busano, que así se llaman los dos ejércitos invasores, son expertos comedores de almejas. Así lo indica un estudio elaborado por el biólogo del pósito, Jesús Otero, que forma parte del equipo que desde hace tiempo investiga la incidencia de las especies invasoras en la productividad de la ría de Arousa.
Y la incidencia de estas pequeñas caracolas es evidente. Zonas que hace no tanto tiempo eran ricos bancos de bivalvos comerciales «hoxe están en desuso como zonas de extracción» porque ahora, allí, ya no hay nada. Que la desaparición de las almejas se produjese al mismo compás que aumentaban las poblaciones invasoras hizo que pronto se sospechase de que estas tenían algo que ver. El año pasado, una serie de estudios que incluían desde datos demográficos hasta investigaciones en acuarios, permitieron conocer el alcance del problema: cada caracola puede comer «entre tres e cinco quilos de bivalvos ao longo dun ano». Si multiplicamos esa cantidad por los más de dos millones de individuos que pueblan la ensenada, la cifra es escalofriante: ellos solos serían capaces de ingerir hasta once millones de kilos de almeja.
Una vez detectado el problema, en O Grove se han puesto a buscar soluciones para intentar recuperar el control de la ensenada. En toda guerra, el primer paso es conocer al enemigo. Por suerte, la cofradía meca ya tiene hecho ese trabajo, y conocen bien el punto débil de este ejército invasor: su proceso reproductor. Estos gasterópodos ponen sus huevos juntos, formando una especie de grandes nidos que se detectan a simple vista. La extracción «sistemática e organizada das postas e dos reprodutores que se acumulan ao seu redor» podrían ayudar a «colapsar a curto prazo a poboación, reducindo de forma notable a densidade de individuos e, por conseguinte, os impactos negativos nas poboacións comerciais de bivalvos e no medio ambiente».
Esta parece ser, de momento, la única vía para plantar cara a estas dos especies invasoras, que parecen ser grandes cazadores de bivalvos. Y es que no solo se comen aquellos con los que se encuentran: «son capaces de detectar a presenza dun bivalvo no substrato e enterrarse ata atopalo, para posteriormente extraelo, furar a cuncha e inxerir os tecidos do bivalvo».
Como estas caracolas no están sometidas a la presión de ningún depredador, de momento reinan en la ensenada. Y es que estas especies parecen tocadas por la suerte, ya que al carecer de interés comercial no se ven amenazadas por el raño de los mariscadores. La cofradía de O Grove llegó a realizar estudios de mercado para ver si estas caramechas podían tener algún valor, si podían pagar de alguna manera la merma de recursos que han ocasionado. Pero parece ser que por ahí, de momento, no hay negocio que hacer.