La cosecha que más alimenta

Susana Luaña Louzao
Susana Luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Ángela -en el centro- fue contratada por los hermanos Falcón para la vendimia de Don Olegario; con el dinero que ganó podrá asumir mejor en octubre el difícil reto de llegar a fin de mes.
Ángela -en el centro- fue contratada por los hermanos Falcón para la vendimia de Don Olegario; con el dinero que ganó podrá asumir mejor en octubre el difícil reto de llegar a fin de mes. martina miser< / span>

La vendimia alivió unos días las necesidades de un centenar de familias sin recursos de la comarca; bodegas como Don Olegario las contrató

12 oct 2014 . Actualizado a las 04:46 h.

Hay al menos un centenar de familias en la comarca que este mes, desde hace mucho tiempo, volverán a llevarse un sueldo a casa, aunque sea pequeño. Son los peones que se sumaron a la vendimia de la mano de Amigos de Galicia, que gestionó con varias bodegas la contratación de estas personas para la cosecha. Llegar a fin de mes, pagar algunas deudas, comprar ropa y sufragar el material escolar de sus hijos fue posible gracias a las jornadas en las que estuvieron recogiendo la uva en las empresas que participaron en esta iniciativa solidaria. Don Olegario, la bodega de Cambados que gestionan los hermanos Falcón, es una de las que se sumó este año con la contratación de 18 personas que la semana pasada acudieron a cobrar. Durante unos días recogieron el fruto de las cuatro hectáreas de la finca familiar; con esa uva se elabora el vino Don Olegario, que en un 70 % se exporta a países como Estados Unidos o Brasil. Ahora, los hermanos Falcón compran también uva para un vino nuevo que se comercializa como Mi mamá me mima. «Es para los que se inician en el mundo del albariño, y es también un homenaje a nuestra madre, como Don Olegario lo es a nuestro padre», dice María.

Ella y sus hermanos Vanesa y Fernando, que son los que están al frente de la bodega, trabajaron mano a mano con las personas que contrataron a través de la fundación. María resume la experiencia como muy positiva. «El año que viene volveremos a hacerlo, porque además de una buena labor, para nosotros es muy cómodo; llamabas a Amigos de Galicia, le decías cuántas personas necesitabas y ya te las mandaban». Fue un trabajo colectivo, como siguen siendo las labores tradicionales del campo, y en esos días, unos y otros compartieron experiencias. «Nos hablaron de sus vidas y de que estaban muy contentos de llevarse un dinero a casa», recuerda Vanesa.

Fueron de todas las edades. Como un muchacho que María recuerda con cariño porque «estaba muy ilusionado, me dijo que había encontrado trabajo, y yo le dije que ojalá le fuese bien y no tuviese que llamarlo el año que viene». Desde jóvenes que tienen que echar una mano en la menguada economía familiar a mujeres de hasta sesenta años con hijos o nietos a su cargo. Algunos inmigrantes, pero la mayoría, vecinos de la comarca. «Y te llama la atención que no son personas marginales, aunque también los hay, generalmente son gente normal que está pasando una mala racha».

Algunos ya vendimiaron los años anteriores y otros lo hacían por primera vez. En Don Olegario no pedían experiencia. «Lo que buscábamos era que no tuvieran ingresos, queríamos ayudar a quien más lo necesitaba», reconoce María.